Dibujo: El Roto (Andrés Rabago).
Vía: El País, 06/03/2012
F:http://elpais.com/elpais/2012/03/05/vinetas/1330961065_258047.html
martes, marzo 06, 2012
Canarias busca su almendro
Dicen en la localidad de Tejeda que sus dulces de almendras están entre los más cotizados. En el pueblo de la cumbre grancanaria, incluida en el 46% de la isla declarado por la Unesco Reserva de la Biosfera en 2005, no solo se produce uno de los mazapanes más aclamados en toda la comunidad autónoma, también es la cuna del bienmesabe canario, una especie de mermelada elaborada con almendra, miel, huevo y ralladura de limón. Comentan los vecinos y agricultores de la zona que la tradición repostera se debe a un fruto único del prunus dulcis, el almendro, que le da un sabor perfecto. Ahora, varias asociaciones de agricultores han puesto en marcha un proyecto de recuperación de este frutal con una iniciativa para crear un banco varietal que defina cuál esa especie canaria.
Lo cierto es que el prunus dulcis no es, ni mucho menos, endémico en Canarias. Curiosamente, figura como especie exótica con potencial invasor en el Listado que incluye el Real Decreto aprobado en noviembre por el Ministerio de Medio Ambiente. Cuando los productores de almendra de Tejeda, ubicado en el interior de la caldera volcánica de la que recibe el nombre, se percataron del dato, vieron peligrar una iniciativa de desarrollo rural que apenas lleva dos años en marcha y para la que prácticamente no han conseguido más financiación que la que han aportado los integrantes de las tres asociaciones de desarrollo rural que participan: La Trasierra, la Asociación de la Almendra de Canarias y la asociación de Carboneros Charamusco.
La inclusión de una especie en el listado implica la prohibición de su introducción en el medio natural, con la excepción de aquellas que, previo control administrativo, se hallen en recintos vinculados a la actividad humana y aisladas del medio natural, como los invernaderos. Además, el texto especifica que en ningún caso se podrán contemplar actuaciones o comportamientos destinados a su fomento y da potestad a las administraciones locales para llevar a cabo medidas encaminadas a su erradicación.
Sin embargo, el almendro es todo un símbolo en la isla. Las fiestas tradicionales de los núcleos que conforman las medianías de Gran Canaria celebran cada mes de febrero las fiestas del almendro en flor, cuando el corazón de la isla estalla en blanco.
El director del Jardín Botánico Viera y Clavijo, David Bramwell, confirma que el árbol fue introducido durante la colonización española de las islas, entre los siglos XVI y XVIII. La Memoria de la Reserva de la Biosfera recoge la “singular importancia” de su cultivo, “pues ha configurado un paisaje peculiar que ha trascendido como elemento de identidad de la cultura canaria” y lo presenta como una de las “singularidades rurales-naturales” del paisaje.
En la actualidad, el almendro ocupa unas 3.000 hectáreas en las medianías de Gran Canaria, según datos del Cabildo, institución de Gobierno insular. De ellas, unas 193 son de cultivo y se sitúan en el área de la reserva. El resto, según los técnicos de La Trasierra encargados del banco varietal, se ha naturalizado y crece de forma silvestre por las laderas y fincas abandonadas de las zonas más altas, donde el frío es más intenso en invierno y permite el desarrollo del fruto. La producción, no obstante, ha descendido notablemente desde los años cincuenta, quedando arraigado un cultivo testimonial que no alcanza los 3.000 kilos de pipa al año.
Sin embargo, los agricultores defienden que se trata de una variedad que puede llegar a cotizar hasta tres veces más que el fruto que importado desde la Península, por las características climatológicas del archipiélago. Se trata de una especie adaptada, según los responsables del proyecto que se afanan en encontrar las características de la almendra canaria.
Entre esas características se encuentra un sabor específico, entre dulce y amargo, que la diferencia de otros cultivos y que es muy valorado en la repostería. Esto se debe, apuntan, a una mayor cantidad de aceite en el fruto, derivada de la exposición a más horas de sol. Los árboles realizan una fotosíntesis más prolongada, lo que da como resultado una mayor concentración.
La idea del banco varietal es encontrar los mejores ejemplares para repoblar las zonas de cultivo y convertir la producción de la almendra en un motor de desarrollo rural. Hasta ahora, el proyecto ha arrancado con dos huertos, donde se han plantado hasta 20 árboles considerados “muy buenos” en función del coeficiente pipa-cáscara (con entre un 22 y un 28% del peso en pipa), la floración tardía, para evitar que se pierda el fruto con las heladas de febrero, y la producción constante, descartando los veceros.
Los huertos llevan funcionando desde 2010. Tras plantar los patrones, ya han comenzado a realizarse los primeros injertos controlados. El siguiente paso es clonar aquellos que se ha observado que mejor funcionan y extraer finalmente híbridos para repoblar la zona. La iniciativa está en pañales y no permitirá sacar una variedad al mercado hasta dentro de, al menos, diez años. De ahí la importancia de contar con el visto bueno del Gobierno regional y el Cabildo insular.
Para Cristóbal Cárdenes, presidente de La Trasierra y representante de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) en Canarias, la aprobación del Listado tal como se ha redactado es un varapalo a su iniciativa y la inclusión del prunus dulcis, fruto de la "descordinación" del Gobierno autonómico. La asociación prepara un recurso para solicitar la revisión del decreto y la exclusión del almendro como especie con potencial invasor con argumentos como la escasa capacidad de reproducirse.
Bramwell avala esa tesis: “No veo que de ninguna manera sea una planta invasora”, dice, “no hay un ave en Canarias capaz de romper la cáscara”. Nadie discute la utilidad del Real Decreto, pero el hecho de que contemple especies como el almendro en Canarias ha obligado a la viceconsejera de Medio Ambiente del Gobierno regional a insistir en que el prunus dulcis y el castagnea sativa (castaño), “podrán seguir plantándose, cultivándose y, por supuesto, ser sometidas a aprovechamiento, dado que se consideran recursos fitogenéticos para la agricultura y la alimentación”.
El conflicto está en su consideración como especie forestal que compite por el suelo, el agua y los nutrientes con otras especies en algunas regiones. Es el caso del Monteverde, que cubre gran parte del norte de la isla con ejemplares de laurel (laurus azorica), brezo (erica arborea), tiles (ocotea foetens), madroño (arbutus canariensis) o pino (pinus radiata), además de otras especies amenazadas como la chachorra (sideretis discolor) y la bella de risco (scrophularia calliantha).
“El motivo de que estas especies [prunus dulcis y castagnea sativa] estén incluidas en el anexo II [el Listado de especies exóticas con potencial invasor] es poder facilitar la actuación sobre algún ejemplar puntual que pueda estar afectando, por ejemplo, a especies amenazadas”, ha apuntado la Viceconsejería. La respuesta, no obstante, no ha calado entre los agricultores y técnicos de asociaciones como La Trasierra, que están preocupados por cómo afectará la decisión a la hora de competir por las ayudas para financiar su proyecto de encontrar el perfecto almendro canario.
LAURA J. VARO
Vía: El País, 06/03/2012
F: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/03/01/actualidad/1330602128_414374.html
Evolución
Dibujo: Ramón
Vía: El País, 06/03/2012
Vía: El País, 06/03/2012
F:http://elpais.com/elpais/2012/03/06/vinetas/1330990968_136733.html
miércoles, febrero 29, 2012
Una nueva cartografía forestal tomada desde el espacio
El cambio climático no muestra signos de debilidad, pero un conocimiento más profundo de la influencia de los bosques en el cambio climático y en los hábitats que acoge permitirá que la comunidad científica disponga de la información necesaria para controlar con mayor efectividad el carbono almacenado en la vegetación. Para este fin un equipo de investigadores dirigidos por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos (NASA) ha ideado un mapa preciso y de alta resolución de la altura de los bosques del planeta. En la revista Journal of Geophysical Research se ha publicado un artículo al respecto.
El equipo utilizó 2,5 millones de mediciones con pulsos de láser emitidos desde el espacio distribuidas por todo el planeta y seleccionadas al detalle. El instrumento Sistema Geocientífico de Altimetría por Láser del ICESat («Satélite para la medición del hielo, las nubes y la elevación») de la NASA recabó datos de detección y medición de distancias por luz (LiDAR) en 2005.
«Conocer la altura de los bosques de la Tierra es fundamental para la estimación de la biomasa, o la cantidad de carbono que contienen», explicó Marc Simard del Laboratorio de Propulsión a Chorro del Instituto Tecnológico de California (Caltech) e investigador principal del estudio. «Nuestro mapa se puede utilizar para mejorar los esfuerzos globales para controlar el carbono. Además, la altura de los bosques es una característica integral de los hábitats de la Tierra, sin embargo, no está bien medida a nivel mundial, por lo que nuestros resultados también beneficiarán a los estudios de las variedades de vida que se encuentran, en particular, en los hábitats boscosos.»
El mapa, que posee una resolución espacial de un kilómetro, muestra los puntos más altos del dosel forestal. El equipo validó el mapa con datos generados a partir de setenta emplazamientos repartidos por la superficie del planeta.
En general, cuanto mayor es la elevación, menor es la altura de los bosques. En cambio a menor latitud, mayor es la altura. Los investigadores apuntaron que su altura se reduce sobre todo en función de la distancia a los trópicos. No obstante, también hicieron referencia a una excepción en los bosques tropicales meridionales en Australia y Nueva Zelanda, donde el eucalipto llega a alcanzar los cuarenta metros.
En su estudio, los investigadores añadieron a los de ICESat datos de otras fuentes para compensar la falta de datos de LiDAR, los efectos de la topografía y la cubierta nubosa. En el paquete de datos se incluyó información sobre la elevación topográfica obtenida de la Misión para la Medición de la Pluviometría Tropical de la NASA y de la base de datos WorldClim, estimaciones de la proporción del dosel arbóreo obtenidas mediante el espectrorradiómetro de obtención de imágenes de resolución moderada instalado en el satélite Terra de la NASA, y mapas de temperatura y precipitación de la misma Misión para la Medición de la Pluviometría Tropical. El equipo indicó que los datos de alta resolución sobre el clima global de WorldClim utilizados en la creación del mapa y en las labores de modelización espacial se pueden utilizar de forma gratuita.
El nuevo mapa muestra que la altura de los bosques es mayor que la revelada por un mapa anterior realizado con ICESat, sobre todo en los bosques tropicales y boreales. No obstante, la altura es menor en las zonas montañosas.
Los investigadores afirmaron que la precisión de este mapa nuevo no es consistente en los principales tipos de comunidades ecológicas que se dan en los bosques. Añadieron que la influencia de la actividad humana en la distribución de los bosques y en la variabilidad de la altura natural de éstos hace que se resienta la precisión.
«Nuestro mapa contiene una de las mejores descripciones de la altura de los bosques globales disponible en la actualidad a escalas regional y global», aseguró el Dr. Simard. «Este estudio demuestra el enorme potencial de LiDAR espacial para sacar a la luz información nueva sobre los bosques terrestres. Sin embargo, para controlar la salud de los bosques y otros ecosistemas terrestres a largo plazo será necesario contar con nuevos satélites de observación de la Tierra.»
El equipo utilizó 2,5 millones de mediciones con pulsos de láser emitidos desde el espacio distribuidas por todo el planeta y seleccionadas al detalle. El instrumento Sistema Geocientífico de Altimetría por Láser del ICESat («Satélite para la medición del hielo, las nubes y la elevación») de la NASA recabó datos de detección y medición de distancias por luz (LiDAR) en 2005.
«Conocer la altura de los bosques de la Tierra es fundamental para la estimación de la biomasa, o la cantidad de carbono que contienen», explicó Marc Simard del Laboratorio de Propulsión a Chorro del Instituto Tecnológico de California (Caltech) e investigador principal del estudio. «Nuestro mapa se puede utilizar para mejorar los esfuerzos globales para controlar el carbono. Además, la altura de los bosques es una característica integral de los hábitats de la Tierra, sin embargo, no está bien medida a nivel mundial, por lo que nuestros resultados también beneficiarán a los estudios de las variedades de vida que se encuentran, en particular, en los hábitats boscosos.»
El mapa, que posee una resolución espacial de un kilómetro, muestra los puntos más altos del dosel forestal. El equipo validó el mapa con datos generados a partir de setenta emplazamientos repartidos por la superficie del planeta.
En general, cuanto mayor es la elevación, menor es la altura de los bosques. En cambio a menor latitud, mayor es la altura. Los investigadores apuntaron que su altura se reduce sobre todo en función de la distancia a los trópicos. No obstante, también hicieron referencia a una excepción en los bosques tropicales meridionales en Australia y Nueva Zelanda, donde el eucalipto llega a alcanzar los cuarenta metros.
En su estudio, los investigadores añadieron a los de ICESat datos de otras fuentes para compensar la falta de datos de LiDAR, los efectos de la topografía y la cubierta nubosa. En el paquete de datos se incluyó información sobre la elevación topográfica obtenida de la Misión para la Medición de la Pluviometría Tropical de la NASA y de la base de datos WorldClim, estimaciones de la proporción del dosel arbóreo obtenidas mediante el espectrorradiómetro de obtención de imágenes de resolución moderada instalado en el satélite Terra de la NASA, y mapas de temperatura y precipitación de la misma Misión para la Medición de la Pluviometría Tropical. El equipo indicó que los datos de alta resolución sobre el clima global de WorldClim utilizados en la creación del mapa y en las labores de modelización espacial se pueden utilizar de forma gratuita.
El nuevo mapa muestra que la altura de los bosques es mayor que la revelada por un mapa anterior realizado con ICESat, sobre todo en los bosques tropicales y boreales. No obstante, la altura es menor en las zonas montañosas.
Los investigadores afirmaron que la precisión de este mapa nuevo no es consistente en los principales tipos de comunidades ecológicas que se dan en los bosques. Añadieron que la influencia de la actividad humana en la distribución de los bosques y en la variabilidad de la altura natural de éstos hace que se resienta la precisión.
«Nuestro mapa contiene una de las mejores descripciones de la altura de los bosques globales disponible en la actualidad a escalas regional y global», aseguró el Dr. Simard. «Este estudio demuestra el enorme potencial de LiDAR espacial para sacar a la luz información nueva sobre los bosques terrestres. Sin embargo, para controlar la salud de los bosques y otros ecosistemas terrestres a largo plazo será necesario contar con nuevos satélites de observación de la Tierra.»
Vía. Cordis, 21/02/2012
Así era el extraño planeta arbolado de la era de los dinosaurios
El mundo perdido de los dinosaurios estaba dominado, sobre todo los tórridos trópicos, por bosques de araucarias (un tipo de árbol ahora considerado fósil viviente), cipreses en las latitudes medias y pinos alrededor del polo Norte. Pero el planeta cambió y, antes de que se extinguieran aquellos animales que habían dominado la Tierra, se extendieron los árboles del tipo del magnolio, es decir, árboles con flores. Unos investigadores han logrado hacer un mapa forestal de todo el planeta tal y como era hace unos 100 millones de años, con un calentamiento climático importante, una concentración de CO2 en la atmósfera tres veces superior a la actual y una distribución de los continentes que cuesta un poco reconocer. Aquel mundo resultaría muy extraño y no solo por la fauna, por los dinosaurios. La temperatura media era de unos 10 grados centígrados superior a la actual.
“El clima de la Tierra era muy cálido hace 100 millones de años y los bosques se extendían en un continuo entre los polos Norte y Sur; lo que hemos hecho en este estudio es el primer mapa realista de aquellos bosques”, ha explicado a EL PAÍS Howard Falcon-Lang, investigador de la Universidad de Londres y coautor del trabajo, junto con su estudiante de doctorado Emiliano Peralta-Medina. “Justo antes de la desaparición de los dinosaurios la composición de los bosques cambió y pasaron de estar dominados por las coníferas a estarlo por los árboles con flores”, añade. “La verdad es que el entorno cambió y se extendieron los árboles con flores llenando el mundo por primera vez de color y de olor”.
“El clima de la Tierra era muy cálido hace 100 millones de años y los bosques se extendían en un continuo entre los polos Norte y Sur; lo que hemos hecho en este estudio es el primer mapa realista de aquellos bosques”, ha explicado a EL PAÍS Howard Falcon-Lang, investigador de la Universidad de Londres y coautor del trabajo, junto con su estudiante de doctorado Emiliano Peralta-Medina. “Justo antes de la desaparición de los dinosaurios la composición de los bosques cambió y pasaron de estar dominados por las coníferas a estarlo por los árboles con flores”, añade. “La verdad es que el entorno cambió y se extendieron los árboles con flores llenando el mundo por primera vez de color y de olor”.
El destino de los que habían sido los dominadores del planeta no es el objetivo de esta investigación, publicada en la revista Geology (de la Sociedad Geológica Americana, EE UU), pero es útil para conocer mejor “los hábitats en los que vivieron y su distribución y ecología”, añade el investigador británico por correo electrónico.
“Este mapa puede ayudar a correlacionar las diversas formas de dinosaurios y la diferenciación latitudinal de los bosques; sabemos que hay cambios en la fauna de dinosaurios herbívoros en ese periodo —que son los que mejor conocemos— y, probablemente, están relacionados con este cambio botánico”, añade el paleontólogo español y experto en dinosaurios José Luis Sanz, de la Universidad Autónoma de Madrid.
Los anillos indican que el crecimiento de los árboles era el doble del actual.
Además de estudiar la distribución planetaria de los árboles (analizando datos de restos fósiles leñosos de 2.238 registros de 497 localidades en 73 países), Falcon-Lang y Peralta-Medina han estudiado los anillos de aquellos árboles del pasado para conocer su tasa de crecimiento anual y han descubierto que en el Cretácico (hace entre 145 y 65 millones de años) era casi el doble que la tasa de los árboles actuales. Ese crecimiento era especialmente alto cerca de los polos. “Algunos de los árboles fósiles de la Antártida tenían anillos de más de dos milímetros de grosor, como media; esa tasa de crecimiento normalmente solo se observa en los árboles que crecen en climas templados y nos indica que, durante la era de los dinosaurios, las regiones polares tenían un clima similar al británico de hoy”, señala Falcon-Lang.
La verdad es que gran parte de la tierra emergida entonces no estaba donde está ahora, por eso el mapamundi de aquella época resulta desconcertante. La deriva continental cambia las masas de tierra de lugar y configuración a lo largo del tiempo y esto tiene mucho que ver con el clima tórrido de aquella era cumbre de los dinosaurios. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era mil partes por millón (ppm), frente a las 393 ppm actuales.
“Los niveles eran altos porque entonces se estaba abriendo el océano Atlántico; había muchas erupciones volcánicas que emitían CO2 a la atmósfera”, añade el investigador de la Universidad de Londres. “Como consecuencia, el efecto invernadero y el calentamiento global eran extremos”. Ahora, si la concentración de CO2 sigue aumentando de modo imparable, se alcanzarán los niveles del Cretácico en menos de 250 años, y entonces es posible que vuelvan los bosques a la Antártida, el continente sin árboles, consideran los investigadores.
Las coníferas retrocedieron y dieron paso a especies con flores
Falcon-Lang y Peralta-Medina recuerdan en su artículo resultados de investigaciones previas: en aquel mundo cálido los casquetes polares estaban en su mínimo tamaño; los bosques templados se extendían hacia los polos y el ciclo hidrológico del planeta estaba acelerado. Lo que ellos se han planteado en su trabajo es conocer los patrones de distribución de bosques en la Tierra y el impacto de la propagación de las plantas con flores (angiospermas), y averiguar hasta qué punto quedaron establecidos entonces los patrones geobiológicos modernos.
Las coníferas (araucarias, podocarpos, cipreses y pinoides) que habían sido dominantes empezaron a declinar durante el final del Cretácico sufriendo una drástica reducción, sobre todo las araucarias; paralelamente a la extensión de las plantas con flores, que pasaron de un 32% a un 78% del total.
¿Tendría esto que ver con la desaparición de los dinosaurios? “Este cambio de las coníferas a los árboles con flores sucedió justo antes de la extinción de los dinosaurios, unos 15 millones de años antes, pero es posible que el cambio en los hábitats forestales tuviera alguna relación con la extinción”, apunta Falcon-Lang.
Vía. El País, 29/02/2012
martes, febrero 21, 2012
Así era un bosque hace 300 millones de años
Como si se tratara de la ciudad de Pompeya, un bosque tropical de 300 millones de años fue preservado en ceniza cuando un volcán entró en erupción en lo que hoy es el norte de China
Un nuevo estudio realizado por un equipo de científicos chinos y norteamericanos ha conseguido reconstruir cómo era ese bosque fosilizado, en el que existían seis grupos de árboles, algunos de los cuales se elevaban 80 metros sobre el suelo. El hallazgo, publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS) de EE.UU., da una idea de cómo eran la ecología y el clima de la época.
El lugar del que se ocupa este estudio, situado cerca de Wuda, en China, es único en el mundo, ya que ofrece una instantánea de un momento congelado en el tiempo. Debido a que la ceniza volcánica cubrió una gran extensión del bosque en el transcurso de pocos días, las plantas se conservan, en muchos casos, en los lugares exactos donde crecieron.
«Está perfectamente conservado», explica el paleobotánico Hermann Pfefferkorn. «Podemos estar allí y encontrar una rama con las hojas unidas, y luego nos encontramos con la siguiente rama y la siguiente y la siguiente. Y entonces descubrimos el tronco del mismo árbol. Eso es muy emocionante», afirma. Los investigadores también encontraron algunos árboles de menor tamaño con las hojas, las ramas y el tronco intactos, que se conservan en su totalidad.
El tamaño de las parcelas de estudio de los investigadores también es inusual. Fueron capaces de analizar un total de 1.000 m2 de la capa de ceniza en tres sitios diferentes situados cerca uno del otro, un área considerada lo suficientemente grande como para caracterizar significativamente la paleoecología local.
Los científicos dataron la capa de ceniza en unos 298 millones de años. Esto cae al comienzo de un período geológico llamado Pérmico, durante el cual las placas de la Tierra continentales todavía se estaban acercando para formar el supercontinente Pangea. América del Norte y Europa estaban fusionadas, y China existía como dos continentes más pequeños. Todo se superpuso a la línea ecuatorial y por lo tanto tenía climas tropicales.
ÁRBOLES DE 80 METROS
En ese momento, el clima de la Tierra era comparable al de hoy, por lo que es de interés para los investigadores para ayudar a entender las variaciones climáticas actuales. En cada uno de los tres sitios de estudio, Pfefferkorn y sus colaboradores analizaron las plantas fosilizadas. En total, se identificaron seis grupos de árboles. Los helechos arborescentes formaban una cubierta inferior, mientras que árboles mucho más altos -Sigillaria y cordaites- se elevaban hasta 80 metros sobre el suelo. Los investigadores también encontraron ejemplares casi completos de un grupo de árboles llamados Noeggerathiales. Estos extintos árboles parientes de los helechos habían sido identificados en América del Norte y Europa, pero parecen ser mucho más comunes en Asia.
Los investigadores trabajaron con el pintor René Yugao para representar la reconstrucción de las zonas, la imagen que puede verse sobre estas líneas. «Esta es la primera reconstrucción forestal en Asia durante cualquier intervalo de tiempo, es la primera de un bosque de turba para este intervalo de tiempo y es la primera con Noeggerathiales como grupo dominante», ha dicho Pfefferkorn.
Debido a que el sitio captura solo un momento en la historia de la Tierra, Pfefferkorn señala que no puede explicar cómo los cambios en el clima afectaron a la vida en la Tierra. Sin embargo, ayuda a proporcionar un valioso contexto. «Es como Pompeya, una cápsula del tiempo que nos permite interpretar mucho mejor lo que sucedió antes y después».
El lugar del que se ocupa este estudio, situado cerca de Wuda, en China, es único en el mundo, ya que ofrece una instantánea de un momento congelado en el tiempo. Debido a que la ceniza volcánica cubrió una gran extensión del bosque en el transcurso de pocos días, las plantas se conservan, en muchos casos, en los lugares exactos donde crecieron.
«Está perfectamente conservado», explica el paleobotánico Hermann Pfefferkorn. «Podemos estar allí y encontrar una rama con las hojas unidas, y luego nos encontramos con la siguiente rama y la siguiente y la siguiente. Y entonces descubrimos el tronco del mismo árbol. Eso es muy emocionante», afirma. Los investigadores también encontraron algunos árboles de menor tamaño con las hojas, las ramas y el tronco intactos, que se conservan en su totalidad.
El tamaño de las parcelas de estudio de los investigadores también es inusual. Fueron capaces de analizar un total de 1.000 m2 de la capa de ceniza en tres sitios diferentes situados cerca uno del otro, un área considerada lo suficientemente grande como para caracterizar significativamente la paleoecología local.
Los científicos dataron la capa de ceniza en unos 298 millones de años. Esto cae al comienzo de un período geológico llamado Pérmico, durante el cual las placas de la Tierra continentales todavía se estaban acercando para formar el supercontinente Pangea. América del Norte y Europa estaban fusionadas, y China existía como dos continentes más pequeños. Todo se superpuso a la línea ecuatorial y por lo tanto tenía climas tropicales.
ÁRBOLES DE 80 METROS
En ese momento, el clima de la Tierra era comparable al de hoy, por lo que es de interés para los investigadores para ayudar a entender las variaciones climáticas actuales. En cada uno de los tres sitios de estudio, Pfefferkorn y sus colaboradores analizaron las plantas fosilizadas. En total, se identificaron seis grupos de árboles. Los helechos arborescentes formaban una cubierta inferior, mientras que árboles mucho más altos -Sigillaria y cordaites- se elevaban hasta 80 metros sobre el suelo. Los investigadores también encontraron ejemplares casi completos de un grupo de árboles llamados Noeggerathiales. Estos extintos árboles parientes de los helechos habían sido identificados en América del Norte y Europa, pero parecen ser mucho más comunes en Asia.
Los investigadores trabajaron con el pintor René Yugao para representar la reconstrucción de las zonas, la imagen que puede verse sobre estas líneas. «Esta es la primera reconstrucción forestal en Asia durante cualquier intervalo de tiempo, es la primera de un bosque de turba para este intervalo de tiempo y es la primera con Noeggerathiales como grupo dominante», ha dicho Pfefferkorn.
Debido a que el sitio captura solo un momento en la historia de la Tierra, Pfefferkorn señala que no puede explicar cómo los cambios en el clima afectaron a la vida en la Tierra. Sin embargo, ayuda a proporcionar un valioso contexto. «Es como Pompeya, una cápsula del tiempo que nos permite interpretar mucho mejor lo que sucedió antes y después».
Vía: Madri+d, 21/02/2012
F: http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=51652&origen=notiweb
martes, febrero 07, 2012
El latín, ni para la botánica
El latín acaba de perder una de sus últimas batallas. Desde el 1 de enero, quienes descubran un nueva especie de vegetal –y quedan muchas por conocer- no tendrán que incluir una breve descripción en latín de su hallazgo para que sea aceptado internacionalmente. Podrán hacerlo en inglés. Así lo ha acordado en su último congreso el Código Internacional para la Nomenclatura Botánica. Así termina con uno de los últimos reductos de la lengua en la vida profesional. Los nombres de las plantas, eso sí, seguirán siendo en latín (o en algo parecido, ya que vale cualquier nombre al que se le añada una terminación latina).
Nicholas Turland, del jardín botánico de San Luis (EEUU) y uno de los responsables de nomenclatura del congreso de Melbourne, en el que se adoptó el cambio, explica en un correo electrónico que la obligación de incluir una descripción en latín estaba vigente desde 1935: “El autor debía dar una descripción –la diagnosis- en latín en la publicación”. El resto del artículo podía estar en el idioma de la revista que lo publicara.
Esto penalizaba a los investigadores de países no occidentales, a menudo sin ninguna base de latín, aunque muy pujantes en el campo. Sin embargo, Turland destaca que también hubo críticas de países latinos y cita como ejemplo la oposición frontal de la portuguesa Estrela Figueiredo.
Turland justifica el cambio en que "describir las nuevas especies en latín era un anacronismo y un impedimento para catalogar la biodiversidad de la Tierra en un momento en el que las especies pueden estar extinguiéndose más rápidamente de lo que los científicos pueden describirlas. Un impedimento porque hoy la mayoría de los botánicos no conocen el latín lo bastante como para escribir una descripción en esa lengua. Así que o destinan su tiempo a un ejercicio lingüístico (tiempo que podrían dedicar a investigar), o encuentran a un colega que sí sepa latín bien, pero desde hace años cae el número de latinistas entre los botánicos”. Los científicos estiman que pueden quedar 100.000 especies por conocer.
La decisión no ha sido sencilla pues ha habido críticas. Turland admite que “incluso sin el requisito de escribir en latín”, los expertos deberán conocer la lengua para poder leer toda la literatura científica ya publicada.
Rafael Medina, investigador en taxonomía y filogenia vegetal, explica por teléfono que ya desde hace años el latín en este campo había caído a una "versión simplificada y empobrecida" del latín: “Usamos un latín muy básico y si lo leyera un filólogo clásico seguro que se llevaría las manos a la cabeza”. Medina, que está terminando la tesis sobre taxonomía y filogenia de briofitos, ironiza: “Digamos que el latín botánico es al latín clásico lo que un mensaje SMS a Calderón de la Barca (aunque sin faltas de ortografía)”.
Medina añade que el cambio simplifica el trabajo, pues no tendrán que buscar a un amigo con conocimientos de latín, pero advierte de que no acaba con toda la literatura científica publicada con el latín como lengua franca. Aunque la obligación de describirlo en latín es oficial desde 1935, Medina explica que textos mucho más antiguos ya la incluyen.
Así, se acaban las descripciones como esta del Orthotrichum pilosissimum, una especie de musgo de Nevada (EE UU) descrita por Medina y sus directores de tesis en 2010: "Species insignis axillaribus trichomatibus suis longissimis (ad 1.8 mm longis) basi ramificantibus, super caulibus tomentum formantibus. Filidia in sicco adpressa, linearlanceolata, apicibus acuminatis vel subulatis; lamina monostrata partimve bistrata, saepe propagulis munita; marginibus recurvatis vel revolutis, sed ad apicem planis vel incurvatis, longum fragilemque canaliculum formantibus. Vaginula nuda. Capsula immersa vel emergens, valde constricta infra orem post sporosim. Stomata cryptopora in capsulae dimidio inferiore locata. Peristoma duplex, exostoma octo dentium paribus recurvatis, endostoma octo segmentis tenuibus". Casi nada.
Rafael Méndez
Vía: El País, 25/01/2012F:http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/01/25/actualidad/1327509733_218265.html
lunes, enero 30, 2012
Los albores de la formación de Pangea en el noroeste de España
Geólogos de la Universidad de Salamanca y de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) han hallado evidencias directas de la orientación del vector de convergencia continental entre Gondwana y Laurrusia durante los albores del ensamblaje del supercontinente Pangea.
Fuente de las imágenes: Rubén Díez Fernández
Díez Fernández, Rubén, Martínez Catalán, José R., Arenas, Ricardo, Abati, Jacobo, The onset of the assembly of Pangaea in NW Iberia: Constraints on the kinematics of continental subduction, Gondwana Research (2012), doi: 10.1016/j.gr.2011.08.004
Rubén Díez Fernández
Vía: Madri+d, 30/01/2012
F: http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=51346&origen=notiweb_suplemento&dia_suplemento=lunes&seccion=noticias
La formación y destrucción de océanos, así como la disgregación y ensamblaje de continentes a partir de otros más pequeños, son hechos científicos documentados que pasan desapercibidos a escala temporal humana. Algunas de las cadenas montañosas más conocidas del mundo, como los Alpes y el Himalaya, o los Pirineos y las Béticas en España, son resultado de la colisión entre placas tectónicas.
Figura 1.- Reconstrucción de la distribución de continentes en el Devónico Superior. El óvalo señala la posición de la península Ibérica, mientras que las flechas indican el vector de convergencia continental. La sección A-B corresponde con el esquema mostrado en la Figura 2
En su lento pero incesante movimiento sobre la superficie del globo terrestre, los continentes que han existido a lo largo de la historia geológica han dejado un amplio registro de sus interacciones mutuas sobre el sustrato rocoso en el que vivimos. De entre todas ellas destaca la unión de todos los continentes existentes en uno solo, denominado Pangea, hace aproximadamente 300 millones de años.
EL CHOQUE DE GONDWANA Y LAURRUSIA
Los vestigios del ensamblaje de Pangea se encuentran diseminados por todo el mundo. Aunque es en el noroeste de la Península Ibérica donde se exponen con una calidad excepcional que permite un análisis detallado por parte de la comunidad científica. Enfocados en este sector, grupos de investigación españoles e internacionales han llevado a cabo durante las últimas décadas estudios multidisciplinares que han abordado diferentes aspectos y etapas de su desarrollo. En concreto, se ha hecho hincapié en aquellos procesos que tuvieron lugar durante la colisión de los dos principales continentes involucrados en la formación de Pangea: Gondwana y Laurrusia (Figura 1).
Antes de chocar y formar algunas de las grandes cadenas montañosas que conocemos, uno de los continentes involucrados en la colisión se introdujo por debajo del otro, penetrando dentro de su manto subyacente. Este mecanismo, denominado subducción continental, tuvo lugar durante las primeras etapas de la formación de Pangea, tras el cierre del Océano Réico. Así, un amplio sector del margen externo del continente Gondwana subdujo bajo Laurrusia, hace aproximadamente 370 millones de años (Figura 2). Existen evidencias de este evento a lo largo de España, Portugal, Francia, Alemania y Europa oriental. Sin embargo, los datos que existían hasta la fecha sólo permitían establecer que ambos continentes se aproximaban entre sí en términos absolutos.
EL RASTRO DEJADO POR LA SUBDUCCIÓN
La subducción de una porción de un continente produce un estado de gran desequilibrio físico en el interior de la Tierra, el cual tiende a ser corregido mediante la expulsión del bloque enterrado en el manto de vuelta hacia la superficie. Gracias a ello es posible estudiar sobre el terreno los cambios mineralógicos y físicos que ocurren en los márgenes continentales durante la subducción, e inferir a partir de ellos la mecánica de su enterramiento. Pero a pesar de lo aparentemente accesible que pueda resultar este tipo de información, lo cierto es que las transformaciones físico-químicas que tienen lugar durante el proceso de exhumación borran, casi por completo, la impronta creada durante la subducción que sólo se conserva en casos excepcionales.
EL CHOQUE DE GONDWANA Y LAURRUSIA
Los vestigios del ensamblaje de Pangea se encuentran diseminados por todo el mundo. Aunque es en el noroeste de la Península Ibérica donde se exponen con una calidad excepcional que permite un análisis detallado por parte de la comunidad científica. Enfocados en este sector, grupos de investigación españoles e internacionales han llevado a cabo durante las últimas décadas estudios multidisciplinares que han abordado diferentes aspectos y etapas de su desarrollo. En concreto, se ha hecho hincapié en aquellos procesos que tuvieron lugar durante la colisión de los dos principales continentes involucrados en la formación de Pangea: Gondwana y Laurrusia (Figura 1).
Antes de chocar y formar algunas de las grandes cadenas montañosas que conocemos, uno de los continentes involucrados en la colisión se introdujo por debajo del otro, penetrando dentro de su manto subyacente. Este mecanismo, denominado subducción continental, tuvo lugar durante las primeras etapas de la formación de Pangea, tras el cierre del Océano Réico. Así, un amplio sector del margen externo del continente Gondwana subdujo bajo Laurrusia, hace aproximadamente 370 millones de años (Figura 2). Existen evidencias de este evento a lo largo de España, Portugal, Francia, Alemania y Europa oriental. Sin embargo, los datos que existían hasta la fecha sólo permitían establecer que ambos continentes se aproximaban entre sí en términos absolutos.
EL RASTRO DEJADO POR LA SUBDUCCIÓN
La subducción de una porción de un continente produce un estado de gran desequilibrio físico en el interior de la Tierra, el cual tiende a ser corregido mediante la expulsión del bloque enterrado en el manto de vuelta hacia la superficie. Gracias a ello es posible estudiar sobre el terreno los cambios mineralógicos y físicos que ocurren en los márgenes continentales durante la subducción, e inferir a partir de ellos la mecánica de su enterramiento. Pero a pesar de lo aparentemente accesible que pueda resultar este tipo de información, lo cierto es que las transformaciones físico-químicas que tienen lugar durante el proceso de exhumación borran, casi por completo, la impronta creada durante la subducción que sólo se conserva en casos excepcionales.
Figura 2.- Esquema de la subducción continental durante el comienzo del ensamblado de Pangea en el noroeste de Iberia. Las flechas indican el vector de convergencia continental
Trabajos de campo y de laboratorio llevados a cabo en las provincias de A Coruña y Pontevedra, han permitido desvelar la huella dejada por la subducción continental en los macizos rocosos que constituían el margen más externo de Gondwana en el que se encontraba el noroeste de la península Ibérica. Fruto de la colaboración a través de un proyecto de investigación CONSOLIDER entre los Dres. Rubén Díez Fernández y José Ramón Martínez Catalán de la Universidad de Salamanca, y los Dres. Ricardo Arenas y Jacobo Abati de la Universidad Complutense de Madrid, los datos aportados por la tesis doctoral del Dr. Rubén Díez Fernández indican una subducción continental oblicua dextra del margen de Gondwana (Figura 2). En otras palabras, Gondwana y Laurrusia convergieron oblicuamente durante las primeras fases del ensamblaje de Pangea, moviéndose lateralmente hacia la derecha uno respecto del otro en términos relativos (Figura 1).
“Los resultados de esta investigación derivan de un profundo conocimiento y ordenación en el espacio y en el tiempo de las estructuras geológicas formadas durante el enterramiento y la subsiguiente exhumación”, explica Rubén Díez Fernández, investigador del Departamento de Geología de la Universidad de Salamanca y coautor de este estudio publicado en la revista Gondwana Research, una de las revistas internacionales de Geociencias de mayor impacto científico en la actualidad. Ambos procesos produjeron en los macizos rocosos ubicados en el margen de Gondwana una deformación tal, que su comprensión ha requerido varios años de intensa labor cartográfica y análisis geométrico. Se trata de un tipo de información desconocida hasta la fecha y rara vez documentada en otras cadenas montañosas del mundo por la complejidad inherente a su obtención. Con este trabajo se sientan las bases de una nueva vía de exploración científica dedicada a una mejor comprensión de los mecanismos tempranos de colisión continental y formación de supercontinentes.
“Los resultados de esta investigación derivan de un profundo conocimiento y ordenación en el espacio y en el tiempo de las estructuras geológicas formadas durante el enterramiento y la subsiguiente exhumación”, explica Rubén Díez Fernández, investigador del Departamento de Geología de la Universidad de Salamanca y coautor de este estudio publicado en la revista Gondwana Research, una de las revistas internacionales de Geociencias de mayor impacto científico en la actualidad. Ambos procesos produjeron en los macizos rocosos ubicados en el margen de Gondwana una deformación tal, que su comprensión ha requerido varios años de intensa labor cartográfica y análisis geométrico. Se trata de un tipo de información desconocida hasta la fecha y rara vez documentada en otras cadenas montañosas del mundo por la complejidad inherente a su obtención. Con este trabajo se sientan las bases de una nueva vía de exploración científica dedicada a una mejor comprensión de los mecanismos tempranos de colisión continental y formación de supercontinentes.
Figura 3: (Izq.): Paragneises con albita derivados de la transformación de rocas sedimentarias durante la subducción y exhumación del margen de Gondwana. Costa da Morte, al oeste de Malpica de Bergantiños (A Coruña); (Centro) Ortogneises derivados de granitos intensamente deformados durante la exhumación del margen de Gondwana. En la esquina superior derecha se preserva una lente de eclogitas (color oscuro), que evidencia el proceso de subducción inicial. Costa da Morte, Praia dos Riás (A Coruña); (Dcha.) Pliegues tumbados formados en paragneises con albita. Definen uno de los patrones de deformación desarrollados durante la exhumación del margen de Gondwana. Costa da Morte, al oeste de Malpica de Bergantiños (A Coruña)
Fuente de las imágenes: Rubén Díez Fernández
Díez Fernández, Rubén, Martínez Catalán, José R., Arenas, Ricardo, Abati, Jacobo, The onset of the assembly of Pangaea in NW Iberia: Constraints on the kinematics of continental subduction, Gondwana Research (2012), doi: 10.1016/j.gr.2011.08.004
Rubén Díez Fernández
Vía: Madri+d, 30/01/2012
F: http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=51346&origen=notiweb_suplemento&dia_suplemento=lunes&seccion=noticias
viernes, enero 13, 2012
Testigos de hielo extraídos de un glaciar en los Alpes orientales podrían ayudar a reconstruir el pasado ambiental de la zona
Un equipo internacional de investigadores ha comenzado a analizar los que podrían convertirse en los primeros testigos de hielo perforados en un glaciar de los Alpes orientales.
Dichos testigos provienen de un glaciar cercano a la cima del monte Ortles, un pico de 3.905 m de altura localizado en el noreste de Italia. De los cuatro núcleos, tres miden 75 m de largo y el otro 60 m.
El equipo, formado por investigadores de Austria, Estados Unidos, Italia y Rusia, espera que los resultados de su trabajo sirvan para crear un registro del clima del pasado y de los cambios ambientales acaecidos en la región a lo largo de varios siglos. Si los científicos estuvieran de suerte, estos testigos podrían incluso contener secretos que se remontan a mil años atrás. Los investigadores esperan además que contengan vestigios de actividad humana primitiva en la región como, por ejemplo, subproductos atmosféricos de la fundición de metales.
Los testigos de hielo que están analizando son importantes pues, hasta ahora, siempre se había creído que un glaciar estaba a una altitud demasiado baja para poder contener hielo que estuviera lo suficientemente frío como para haber conservado un registro climático claro. Si bien el tercio superior de los testigos muestra, en efecto, que el agua derretida se había filtrado hacia abajo, lo que muy posiblemente afecta al registro, los dos tercios restantes de los testigos contienen hielo inalterado que debería servir a los miembros del equipo de investigación para reconstruir la historia climática de la zona.
Este proyecto es también pionero por trabajar con testigos de hielo extraídos en la parte oriental de los Alpes, con lo que ofrece una imagen mucho más clara del cambio climático en este rincón de Europa.
Investigaciones previas habían demostrado que en cotas elevadas de dicha región se había producido un aumento de las temperaturas estivales de hasta dos grados centígrados en los últimos treinta años. A pesar de la fusión en las partes superiores de los testigos, los investigadores esperan encontrar un registro que comienza en los años ochenta y continúa hasta varios siglos atrás, o tal vez más.
"Este glaciar ya está cambiando de arriba hacia abajo de manera irreversible", explicó el jefe de la expedición, Paolo Gabrielli de la Universidad de Ohio (Estados Unidos). "Está pasando de ser un glaciar 'frío', en el que el hielo es estable, a convertirse en un glaciar 'templado' en el que el hielo se puede degradar. El glaciar entero podría hacer la transición hacia un estado templado en más o menos el próximo decenio."
Tales cambios inminentes en las temperaturas del glaciar significan que es muy importante recuperar estos núcleos lo antes posible, ya que una vez que hayan desaparecido se llevarán con ellos el valioso registro del pasado que encierran.
Apoyándose en los patrones climáticos, el hielo de los testigos que se formó a lo largo de veranos anteriores probablemente ofrezca una imagen de lo que fue el clima en el pasado en una zona cercana a la montaña, tal vez sólo de entre diez y cien kilómetros de distancia. Pero el hielo formado durante los inviernos pasados debería ofrecer indicios que ayuden a conformar la imagen de lo que ocurrió en un área mucho más amplia.
Un análisis del hielo también podría ofrecer respuestas a cuestiones importantes sobre la región como, por ejemplo, de qué manera ha cambiado el clima durante la transición entre el Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo.
El equipo, formado por investigadores de Austria, Estados Unidos, Italia y Rusia, espera que los resultados de su trabajo sirvan para crear un registro del clima del pasado y de los cambios ambientales acaecidos en la región a lo largo de varios siglos. Si los científicos estuvieran de suerte, estos testigos podrían incluso contener secretos que se remontan a mil años atrás. Los investigadores esperan además que contengan vestigios de actividad humana primitiva en la región como, por ejemplo, subproductos atmosféricos de la fundición de metales.
Los testigos de hielo que están analizando son importantes pues, hasta ahora, siempre se había creído que un glaciar estaba a una altitud demasiado baja para poder contener hielo que estuviera lo suficientemente frío como para haber conservado un registro climático claro. Si bien el tercio superior de los testigos muestra, en efecto, que el agua derretida se había filtrado hacia abajo, lo que muy posiblemente afecta al registro, los dos tercios restantes de los testigos contienen hielo inalterado que debería servir a los miembros del equipo de investigación para reconstruir la historia climática de la zona.
Este proyecto es también pionero por trabajar con testigos de hielo extraídos en la parte oriental de los Alpes, con lo que ofrece una imagen mucho más clara del cambio climático en este rincón de Europa.
Investigaciones previas habían demostrado que en cotas elevadas de dicha región se había producido un aumento de las temperaturas estivales de hasta dos grados centígrados en los últimos treinta años. A pesar de la fusión en las partes superiores de los testigos, los investigadores esperan encontrar un registro que comienza en los años ochenta y continúa hasta varios siglos atrás, o tal vez más.
"Este glaciar ya está cambiando de arriba hacia abajo de manera irreversible", explicó el jefe de la expedición, Paolo Gabrielli de la Universidad de Ohio (Estados Unidos). "Está pasando de ser un glaciar 'frío', en el que el hielo es estable, a convertirse en un glaciar 'templado' en el que el hielo se puede degradar. El glaciar entero podría hacer la transición hacia un estado templado en más o menos el próximo decenio."
Tales cambios inminentes en las temperaturas del glaciar significan que es muy importante recuperar estos núcleos lo antes posible, ya que una vez que hayan desaparecido se llevarán con ellos el valioso registro del pasado que encierran.
Apoyándose en los patrones climáticos, el hielo de los testigos que se formó a lo largo de veranos anteriores probablemente ofrezca una imagen de lo que fue el clima en el pasado en una zona cercana a la montaña, tal vez sólo de entre diez y cien kilómetros de distancia. Pero el hielo formado durante los inviernos pasados debería ofrecer indicios que ayuden a conformar la imagen de lo que ocurrió en un área mucho más amplia.
Un análisis del hielo también podría ofrecer respuestas a cuestiones importantes sobre la región como, por ejemplo, de qué manera ha cambiado el clima durante la transición entre el Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo.
Vía: Madri+d, 13/01/2012
F:http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=51184&origen=notiweb
F:http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=51184&origen=notiweb
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