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"No se desea lo que no se conoce" (NASÓN, PUBLIO OVIDIO) 43 AC-17 DC

miércoles, diciembre 26, 2018

187 especies de hongos viven en 30 hectáreas de la Finca de Osorio

La Sociedad Micológica de Gran Canaria celebra entre hoy y mañana en Teror la 26 edición de sus jornadas micológicas. Hace 30 años que la sociedad comenzó su labor de estudio

 

 
Patricia Vidanes / Teror 
 
La Sociedad Micológica de Gran Canaria celebra este fin de semana en la Finca de Osorio, en Teror, la 26 edición de las Jornadas Micológicas de Gran Canaria, que en realidad suman «30 años de setas», como apunta la sociedad en el cartel anunciador elaborado expresamente para el encuentro, y el que destaca la Clinoconidium lezcani sobre fruto Barbusano, nueva especie para la ciencia dedicada a Pedro Lezcano.

Además de las charlas para ponerse al día expertos en micología y visitantes, la Sociedad Micológica de Gran Canaria tiene prevista una exposición de hongos de Gran Canaria; una exposición de fibras teñidas son hongos tintóreos; y un cursillo básico de iniciación a la identificación de setas.
Vicente Escobio, presidente de la Sociedad Micológica de Gran Canaria, explica que «este año pocas son las novedades» con que se llega a la 26 edición de las Jornadas Micológicas. Pero quizás una de las novedades radique en que después de años de encuentros fuera de Teror, la Sociedad vuelve a la Finca de Osorio, el lugar donde tradicionalmente se ha celebrado este encuentro anual. En todo caso, «presentamos el número de hongos que hay en Osorio, un número interesante pues se llega ya a las 187 especies, eso en 30 hectáreas de trabajo, siendo uno de los sitios de Canarias que más especies tiene y una de las zonas más interesantes».

Para Vicente Escobio es motivo de alegría volver a la Finca de Osorio después de unos años en los que no fue posible por obras y otros motivos. «Ahora volvemos a Osorio, donde siempre estuvimos».
Además, recuerda el presidente de la Sociedad Micológica de Gran Canaria que «celebramos una cifra redonda, porque en realidad empezamos en 1988, hace 30 años; 30 años de setas en Gran Canaria, aunque es verdad que ha habido años de sequía y de menos setas».
Este año, dice Vicente Escobio está siendo bueno. «Empezó a llover en noviembre y la frecuencia de setas es buena, ya estamos encontrando cosas raras, especies diferentes de champiñones que ni siquiera conocemos, seguramente por el tipo de humedad, temperatura y el tiempo», afirma este experto micólogo.

Factores climatológicos. Y es que, resalta Escobio, la aparición de un tipo de hongo o de otro en Gran Canaria depende de muchos factores. «Aunque llueva, no significa nada; cuando vas a una zona, a lo mejor ha caído mucha lluvia, pero hay altas temperaturas», lo que influye negativamente, y «esas variaciones pueden marcar las diferentes especies».
Además, «cada vez hay más gente que sale al monte a buscar setas, gente preparada», advierte Escobio, sobre todo porque hay que ser prudente si la finalidad es cocinar alguna de las especies comestibles.

F:https://www.canarias7.es/siete-islas/gran-canaria/187-especies-de-hongos-viven-en-30-hectareas-de-la-finca-de-osorio-XY6054231

 

Las extrañas rocas de Canarias que aparecieron en menos de treinta años

Un antiguo método de riego peculiar de las islas ha causado fenómenos geológicos “ultrarrápidos”


Formación geológica del barranco de Calabozo. Ampliar foto
Formación geológica del barranco de Calabozo.
Cerca del yacimiento arqueológico de Cenobio de Valerón, en una región escabrosa al norte de la isla de Gran Canaria, científicos españoles han encontrado una formación de rocas singular. En el llamado barranco de Calabozo, existe un conjunto de sedimentos de calcita depositados en un pequeño sistema de piscinas y cascadas. Ahora está seco, pero antaño fue similar a las formaciones de Pamukkale, en Turquía, o lagunas de Ruidera, en la península Ibérica. Sin embargo, la creación de esas estructuras tardó miles o cientos de miles de años, mientras que los sedimentos del barranco de Calabozo surgieron en tan solo dos o tres décadas.


A finales del siglo pasado, en las islas Canarias se regaban las plantaciones de plátanos con aguas procedentes de pozos y galerías subterráneas. Cuando no se transportaba por tuberías, el agua se extraía en las zonas altas de los cerros para derramar por las laderas hasta las regiones de plantación más bajas. En estas islas volcánicas, el agua del subsuelo es rica en bicarbonato, calcio, magnesio, sodio, sílice y gas dióxido de carbono. Por eso, allá por donde fluye en superficie, precipitan sedimentos de calcita y otros minerales carbonáticos. Fue este proceso geológico, acelerado por los regadíos humanos, el causante de la formación ultrarrápida del sistema de Calabozo, que ocupa unos veinte metros de alto por diez de ancho.

El equipo de investigación, integrado por cuatro geólogos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), el Instituto de Geociencias (UCM-CSIC) y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, lleva siete años estudiando la formación, descrita ahora en la revista científica Sedimentology, que dedica la portada de su último número al trabajo. En realidad no fue un científico quién descubrió el sistema de Calabozo, según cuenta Ana María Alonso, presidenta de la Sociedad Geológica de España y una de las autoras del estudio. La sociedad que Alonso preside organiza una jornada de divulgación anual conocida como el Geolodía. Durante una excursión guiada en 2010, un asistente al evento de Gran Canaria alertó a los organizadores de la presencia de “unas piedras muy raras”, recuerda la geóloga.

“Yo soy muy entusiasta. Cuando lo vi por primera vez, en 2011, pensé: ‘Es como un pequeño Pamukkale’. Pero esto es más bonito, porque en Pamukkale no hay plantas calcificadas”, dice Alonso, que también es investigadora de la UCM y del Instituto de Geociencias. El sistema de Calabozo es distintivo por las rocas que se han formado en torno a los tallos enmarañados de la vegetación que poblaba la ladera. Este tipo de sedimento se conoce como toba. Las plantas mueren y se descomponen, pero las cubiertas rígidas de calcita perduran, formando barreras verticales escalonadas que antiguamente retenían remansos de agua en las depresiones de uno a dos metros de diámetro que todavía se aprecian por la ladera.


Tallos de plantas calcificados (toba) en el barranco de Calabozo.
Tallos de plantas calcificados (toba) en el barranco de Calabozo.

Los científicos estiman que el sistema de Calabozo estuvo activo entre los años cincuenta y ochenta del siglo pasado. Para llegar a esta conclusión, se han tenido que basar en sistemas de datación poco ortodoxos, ya que la geología suele tratar con rocas y formaciones milenarias. Entre la toba, el equipo dio con una piedra pequeña, con forma de patata, que albergaba una bola de poliestireno en su interior. Este residuo antiguo, que sirvió como otro núcleo más para el proceso de calcificación, ha delatado tanto el origen humano como la antigüedad de toda la formación. “Hemos mirado cuándo se empezó a fabricar el poliestireno en España. Fue 1951, así que el sistema de Calabozo tuvo que venir después”, explica Alonso. Su análisis del material de construcción empleado en las antiguas tuberías de riego corrobora la datación.
Alonso señala que el valor científico del descubrimiento es doble. Por un lado, demuestra que los depósitos “se pueden formar muy rápido por la modificación humana del paisaje”, un proceso valioso que contribuye a la geodiversidad. “A nivel divulgativo, ayuda a conocer las formaciones de Canarias. Estas islas son volcánicas y no suele haber caliza”, explica. Por otra parte, el análisis detallado ha permitido ver cómo la presencia o ausencia de agua condiciona la textura y la composición química de los minerales sedimentados. “Conociendo esto en un sistema reciente, podemos interpretar sistemas similares del pasado. Los cambios en la textura y la química [de los sedimentos] nos pueden servir para interpretar, por ejemplo, el clima del pasado”, explica la geóloga.


Piedra de calcita con un núcleo de poliestireno, hallada en el barranco. ampliar foto
Piedra de calcita con un núcleo de poliestireno, hallada en el barranco.

Como los minerales solo se forman cuando fluye el agua, la discontinuidad histórica del riego ha creado diferentes órdenes de laminación carbonática en el barranco. Los geólogos aprecian en la toba cristales de diferentes tamaños que se corresponden a interrupciones del riego en el pasado, a veces por un período de unas horas o unos días y otras por grandes cambios estacionales o incluso a lo largo de varios años. “Nos ha costado hacernos a la idea, porque estamos acostumbrados a trabajar en depósitos de cien o miles de años, pero ahora que sabemos que funciona así, podemos buscar estos procesos en otros sistemas naturales”, dice Alonso. Desde que ha concluido la investigación en el barranco de Calabozo, su equipo ya ha encontrado otros sedimentos parecidos en la isla de Tenerife y sospechan que habrá más.

F:https://elpais.com/elpais/2018/12/24/ciencia/1545641025_125313.html

lunes, noviembre 26, 2018

XXVI Jornadas Micológicas de Gran Canaria


CURSO DE IDENTIFICACIÓN DE SETAS

CURSO DE IDENTIFICACIÓN DE SETAS
FINCA DE OSORIO 
2 DE DICIEMBRE DE 2018

DE 9.00 A 15.00 HORAS
PROGRAMA:
9.00. CHARLA: CONCEPTOS BÁSICOS PARA INICIARSE EN LOS HONGOS.
9.30. SALIDA GUIADA POR LA FINCA DE OSORIO PARA LA RECOLECCIÓN DE SETAS .
12.00. IDENTIFICACIÓN DE LAS ESPECIES RECOLECTADAS, CONSEJOS PARA SU IDENTIFICACIÓN.
14.00. COMIDA: LENTEJAS CON SETAS.
HASTA LAS 15.00 HORAS, Y LA HORA QUE LOS CURSILLISTAS DESEEN, CHARLA SOBRE LO RECOLECTADO.

SE OFRECERÁ BIBILIOGRAFÍA DIGITAL A LOS PARTICIPANTES.
PRECIO 40 EUROS.

lunes, enero 23, 2017

La seta del tajasnoyo y otros frutos de las lluvias

M.J. Tabar  22/01/2017 - 09:40


La Pleurotus eryngii ferulae crece en los barrancos más húmedos, siempre asociada a un endemismo local: el tajasnoyo (Ferula lancerottensis). Suele confundirse con la seta de cardo europea y es una de las delicias micológicas de Lanzarote.
El blog de Juan Cazorla, biólogo y técnico de la Reserva de la Biosfera de Lanzarote, se dedica a divulgar la biodiversidad de la isla. La seta del tajasnoyo (o seta de la canaheja) ha sido uno de los últimos tesoros que ha encontrado en los barrancos del norte de Lanzarote, después de las lluvias otonales.
Esta seta siempre crece asociada al tajasnoyo, una planta forrajera de gran porte, que florece en espectaculares paraguas amarillos y crece en los riscos de Famara, el barranco del Palomo, el valle grande de Mala, el valle de Temisa, Haría y en los alrededores de la ermita de Las Nieves. También se conoce como “cañaheja conejera” y está catalogada como “una especie de interés para los ecosistemas canarios”.
Vicente Hidalgo, promotor de la asociación Amigos de la Micología de Lanzarote y Papas Crías (Amilanypapas) explica la relación: la seta crece muy imbricada a la planta, porque el tronco escurre las gotas de agua creando un sustrato húmedo perfecto para que se desarrolle. Dice que en Lanzarote también se encuentran los suculentos perrechicos (Calocybe gambosa), los mejores para cocinar junto a los Agaricus campestris, también presentes en la isla.
Científicos, cocineros y aficionados a la recolección insisten en que la ingesta de hongos y setas silvestres jamás debe hacerse sin control sanitario o sin la supervisión de un experto. El rico campestris se confunde fácilmente con un pariente tóxico llamado Agaricus xanthoderma, que crece en el estiércol, huele a yodo “y el zócalo por donde se coge se vuelve amarillo azufre”. Hay otra seta no comestible que puede encontrarse en el Bosquecillo: la Lepiota cristata, con un tetón en el centro de su escamoso sombrerillo.
También están los marrones y esponjosos Suillus, “comestibles, pero sin calidad culinaria”, los Cuprinus, que son delicuescentes (absorben la humedad del aire hasta formar una disolución acuosa); la Battarrea phalloides, muy rara y curiosa, con un palo muy fino que puede elevarse más de 40 centímetros y la Lycoperdon perlatum, más conocida como pedo de lobo (con la edad, se convierte en una masa de esporas que sale disparada en forma de humareda si se pisa).


Flor del tajasnoyo. Foto: Juan Cazorla.

La reina de las variedades locales suele ser la papa cría, la Terfezia (claveryi, boudieri y canariensis), cuya recolección se remonta a la prehistoria insular y sigue siendo una arraigada tradición. Crece asociada al turmero, una matilla lenosa muy común en terrenos áridos y en zonas arenosas de la costa. Las papas crías más gustosas son las que se desarrollan en el jable y son de tamaño pequeño.
Antaño, una vez limpias de tierra y apretadas para eliminar el líquido que contienen, “los chiquillos las solían comer a la brasa de una pequeña hoguera, directamente sobre el terreno, con un poco de sal gorda si había”.
Su jugo se empleaba para enfermedades relacionadas con problemas de carácter oftalmológico y de la piel. Así lo recogen Daniel Becerra, Soraya Jorge y Vicente Escobio en su trabajo La recolección de papas crías en Lanzarote: un proyecto entre la etnografía y la arqueología.

F:http://diariodelanzarote.com/noticia/la-seta-del-tajasnoyo-y-otros-frutos-de-las-lluvias

martes, enero 03, 2017

Descubiertas tres nuevas setas en Fuerteventura, entre ellas un champiñón

Tres nuevas setas se han descubierto en Fuerteventura, una de ellas un champiñón no visto hasta ahora en Canarias y al que se aplicaron técnicas de ADN. Con estas nuevas citas, la Lista de Especies Silvestres de Canarias (LES)se eleva a 78 especies en la Maxorata, según las cifras de la Sociedad Micológica de Gran Canaria.

El hongo Resupinatus applicatus descubierto en un árbol seco en Betancuria.
Son tres nuevas setas para Fuerteventura las que han dejado los últimos inviernos majoreros, cada una con una historia distinta. El hongo Resupinatus applicatus se encontró en la corteza de un árbol muerto de Betancuria, el Agaricus iodosmus es un champiñón al que se aplicaron las técnicas de ADN y el Entoloma phaeocyathus se recolectó ¡en la isla de Lobos!.

Sin nombre vulgar, el Resupinatus applicatus de Betancuria solo se había recogido en La Palma y es uno de los tantos hongos que viven sobre madera, aclara Vicente Escobio, de la Sociedad Micológica de Gran Canaria que entre el invierno y la primavera majoreros recorre la isla en busca de nuevas especies.  «Fueron recolectadas en 2015, porque 2016 resultó muy infame por ahora».

El Agaricus iodosmus es, para entendernos, un champiñón. El biólogo Juan Miguel Torres lo localizó en Betancuria, de donde la Sociedad Micológica lo envió a un laboratorio de Venta de Baños (Palencia) para determinar la especie. Las pruebas del ADN concluyeron que era un Agaricus iodosmus, especie que hasta ahora no se había citado para Canarias. «Es la primera vez que hemos usado estas técnicas moleculares para confirmar un descubrimiento».

Torres también halló el Entoloma de Lobos, isla donde, aunque parezca raro, crecen los hongos, sobre todo los de las arenas. Es una especie vista en La Palma y que «hay que estar allí en el momento adecuado para verla».
Las criadas: más agua, tranquilidad y establecimiento de una veda. El total. Según la LES (Lista de Especies Silvestres de Canarias), lo que también se llama Biota, de 2010, en Canarias hay 1893 especies de hongos, de los que solo 107 son endémicas.  Muchas son hongos pequeños o microscópicos que no se ven normalmente, y setas hay 1510 (ahí entran los champiñones, los níscalos, las criadas).
78 especies. La Sociedad Micológica de Gran Canaria establece 78 especies, con estas tres últimas, en Fuerteventura. Para Lanzarote, son 65. La diferencia reside en que la Maxorata está menos antropizada.
Pronto para las criadas. A los precoces buscadores de criadas que desde hace semanas recorren la isla, se les recuerda que resulta una temeridad hacerlo. «La criada necesita tranquilidad y más agua para terminar de crecer y no que le estén removiendo la tierra», de ahí que abogue por el establecimiento de una veda.

Catalina García
F:http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=447122