"Novedad. Cosa nueva y no acostumbrada. Suele ser peligrosa por traer consigo mudança de uso antiguo" (SEBASTIÁN DE COVARRUBIAS) 1539-1613

"No se desea lo que no se conoce" (NASÓN, PUBLIO OVIDIO) 43 AC-17 DC

miércoles, febrero 29, 2012

Así era el extraño planeta arbolado de la era de los dinosaurios

El mundo perdido de los dinosaurios estaba dominado, sobre todo los tórridos trópicos, por bosques de araucarias (un tipo de árbol ahora considerado fósil viviente), cipreses en las latitudes medias y pinos alrededor del polo Norte. Pero el planeta cambió y, antes de que se extinguieran aquellos animales que habían dominado la Tierra, se extendieron los árboles del tipo del magnolio, es decir, árboles con flores. Unos investigadores han logrado hacer un mapa forestal de todo el planeta tal y como era hace unos 100 millones de años, con un calentamiento climático importante, una concentración de CO2 en la atmósfera tres veces superior a la actual y una distribución de los continentes que cuesta un poco reconocer. Aquel mundo resultaría muy extraño y no solo por la fauna, por los dinosaurios. La temperatura media era de unos 10 grados centígrados superior a la actual.


 “El clima de la Tierra era muy cálido hace 100 millones de años y los bosques se extendían en un continuo entre los polos Norte y Sur; lo que hemos hecho en este estudio es el primer mapa realista de aquellos bosques”, ha explicado a EL PAÍS Howard Falcon-Lang, investigador de la Universidad de Londres y coautor del trabajo, junto con su estudiante de doctorado Emiliano Peralta-Medina. “Justo antes de la desaparición de los dinosaurios la composición de los bosques cambió y pasaron de estar dominados por las coníferas a estarlo por los árboles con flores”, añade. “La verdad es que el entorno cambió y se extendieron los árboles con flores llenando el mundo por primera vez de color y de olor”.

El destino de los que habían sido los dominadores del planeta no es el objetivo de esta investigación, publicada en la revista Geology (de la Sociedad Geológica Americana, EE UU), pero es útil para conocer mejor “los hábitats en los que vivieron y su distribución y ecología”, añade el investigador británico por correo electrónico.

“Este mapa puede ayudar a correlacionar las diversas formas de dinosaurios y la diferenciación latitudinal de los bosques; sabemos que hay cambios en la fauna de dinosaurios herbívoros en ese periodo —que son los que mejor conocemos— y, probablemente, están relacionados con este cambio botánico”, añade el paleontólogo español y experto en dinosaurios José Luis Sanz, de la Universidad Autónoma de Madrid.

Los anillos indican que el crecimiento de los árboles era el doble del actual.

Además de estudiar la distribución planetaria de los árboles (analizando datos de restos fósiles leñosos de 2.238 registros de 497 localidades en 73 países), Falcon-Lang y Peralta-Medina han estudiado los anillos de aquellos árboles del pasado para conocer su tasa de crecimiento anual y han descubierto que en el Cretácico (hace entre 145 y 65 millones de años) era casi el doble que la tasa de los árboles actuales. Ese crecimiento era especialmente alto cerca de los polos. “Algunos de los árboles fósiles de la Antártida tenían anillos de más de dos milímetros de grosor, como media; esa tasa de crecimiento normalmente solo se observa en los árboles que crecen en climas templados y nos indica que, durante la era de los dinosaurios, las regiones polares tenían un clima similar al británico de hoy”, señala Falcon-Lang.

La verdad es que gran parte de la tierra emergida entonces no estaba donde está ahora, por eso el mapamundi de aquella época resulta desconcertante. La deriva continental cambia las masas de tierra de lugar y configuración a lo largo del tiempo y esto tiene mucho que ver con el clima tórrido de aquella era cumbre de los dinosaurios. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era mil partes por millón (ppm), frente a las 393 ppm actuales.

“Los niveles eran altos porque entonces se estaba abriendo el océano Atlántico; había muchas erupciones volcánicas que emitían CO2 a la atmósfera”, añade el investigador de la Universidad de Londres. “Como consecuencia, el efecto invernadero y el calentamiento global eran extremos”. Ahora, si la concentración de CO2 sigue aumentando de modo imparable, se alcanzarán los niveles del Cretácico en menos de 250 años, y entonces es posible que vuelvan los bosques a la Antártida, el continente sin árboles, consideran los investigadores.


Las coníferas retrocedieron y dieron paso a especies con flores
Falcon-Lang y Peralta-Medina recuerdan en su artículo resultados de investigaciones previas: en aquel mundo cálido los casquetes polares estaban en su mínimo tamaño; los bosques templados se extendían hacia los polos y el ciclo hidrológico del planeta estaba acelerado. Lo que ellos se han planteado en su trabajo es conocer los patrones de distribución de bosques en la Tierra y el impacto de la propagación de las plantas con flores (angiospermas), y averiguar hasta qué punto quedaron establecidos entonces los patrones geobiológicos modernos.

Las coníferas (araucarias, podocarpos, cipreses y pinoides) que habían sido dominantes empezaron a declinar durante el final del Cretácico sufriendo una drástica reducción, sobre todo las araucarias; paralelamente a la extensión de las plantas con flores, que pasaron de un 32% a un 78% del total.
¿Tendría esto que ver con la desaparición de los dinosaurios? “Este cambio de las coníferas a los árboles con flores sucedió justo antes de la extinción de los dinosaurios, unos 15 millones de años antes, pero es posible que el cambio en los hábitats forestales tuviera alguna relación con la extinción”, apunta Falcon-Lang.

 Vía. El País, 29/02/2012
F:http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/02/28/actualidad/1330459096_021632.html

martes, febrero 21, 2012

Así era un bosque hace 300 millones de años

Como si se tratara de la ciudad de Pompeya, un bosque tropical de 300 millones de años fue preservado en ceniza cuando un volcán entró en erupción en lo que hoy es el norte de China

Un nuevo estudio realizado por un equipo de científicos chinos y norteamericanos ha conseguido reconstruir cómo era ese bosque fosilizado, en el que existían seis grupos de árboles, algunos de los cuales se elevaban 80 metros sobre el suelo. El hallazgo, publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS) de EE.UU., da una idea de cómo eran la ecología y el clima de la época.

El lugar del que se ocupa este estudio, situado cerca de Wuda, en China, es único en el mundo, ya que ofrece una instantánea de un momento congelado en el tiempo. Debido a que la ceniza volcánica cubrió una gran extensión del bosque en el transcurso de pocos días, las plantas se conservan, en muchos casos, en los lugares exactos donde crecieron.

«Está perfectamente conservado», explica el paleobotánico Hermann Pfefferkorn. «Podemos estar allí y encontrar una rama con las hojas unidas, y luego nos encontramos con la siguiente rama y la siguiente y la siguiente. Y entonces descubrimos el tronco del mismo árbol. Eso es muy emocionante», afirma. Los investigadores también encontraron algunos árboles de menor tamaño con las hojas, las ramas y el tronco intactos, que se conservan en su totalidad.

El tamaño de las parcelas de estudio de los investigadores también es inusual. Fueron capaces de analizar un total de 1.000 m2 de la capa de ceniza en tres sitios diferentes situados cerca uno del otro, un área considerada lo suficientemente grande como para caracterizar significativamente la paleoecología local.

Los científicos dataron la capa de ceniza en unos 298 millones de años. Esto cae al comienzo de un período geológico llamado Pérmico, durante el cual las placas de la Tierra continentales todavía se estaban acercando para formar el supercontinente Pangea. América del Norte y Europa estaban fusionadas, y China existía como dos continentes más pequeños. Todo se superpuso a la línea ecuatorial y por lo tanto tenía climas tropicales.

ÁRBOLES DE 80 METROS

En ese momento, el clima de la Tierra era comparable al de hoy, por lo que es de interés para los investigadores para ayudar a entender las variaciones climáticas actuales. En cada uno de los tres sitios de estudio, Pfefferkorn y sus colaboradores analizaron las plantas fosilizadas. En total, se identificaron seis grupos de árboles. Los helechos arborescentes formaban una cubierta inferior, mientras que árboles mucho más altos -Sigillaria y cordaites- se elevaban hasta 80 metros sobre el suelo. Los investigadores también encontraron ejemplares casi completos de un grupo de árboles llamados Noeggerathiales. Estos extintos árboles parientes de los helechos habían sido identificados en América del Norte y Europa, pero parecen ser mucho más comunes en Asia.

Los investigadores trabajaron con el pintor René Yugao para representar la reconstrucción de las zonas, la imagen que puede verse sobre estas líneas. «Esta es la primera reconstrucción forestal en Asia durante cualquier intervalo de tiempo, es la primera de un bosque de turba para este intervalo de tiempo y es la primera con Noeggerathiales como grupo dominante», ha dicho Pfefferkorn.

Debido a que el sitio captura solo un momento en la historia de la Tierra, Pfefferkorn señala que no puede explicar cómo los cambios en el clima afectaron a la vida en la Tierra. Sin embargo, ayuda a proporcionar un valioso contexto. «Es como Pompeya, una cápsula del tiempo que nos permite interpretar mucho mejor lo que sucedió antes y después».
 Vía: Madri+d, 21/02/2012
F: http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=51652&origen=notiweb

martes, febrero 07, 2012

El latín, ni para la botánica


El latín acaba de perder una de sus últimas batallas. Desde el 1 de enero, quienes descubran un nueva especie de vegetal –y quedan muchas por conocer- no tendrán que incluir una breve descripción en latín de su hallazgo para que sea aceptado internacionalmente. Podrán hacerlo en inglés. Así lo ha acordado en su último congreso el Código Internacional para la Nomenclatura Botánica. Así termina con uno de los últimos reductos de la lengua en la vida profesional. Los nombres de las plantas, eso sí, seguirán siendo en latín (o en algo parecido, ya que vale cualquier nombre al que se le añada una terminación latina).

Nicholas Turland, del jardín botánico de San Luis (EEUU) y uno de los responsables de nomenclatura del congreso de Melbourne, en el que se adoptó el cambio, explica en un correo electrónico que la obligación de incluir una descripción en latín estaba vigente desde 1935: “El autor debía dar una descripción –la diagnosis- en latín en la publicación”. El resto del artículo podía estar en el idioma de la revista que lo publicara.
Esto penalizaba a los investigadores de países no occidentales, a menudo sin ninguna base de latín, aunque muy pujantes en el campo. Sin embargo, Turland destaca que también hubo críticas de países latinos y cita como ejemplo la oposición frontal de la portuguesa Estrela Figueiredo.

Turland justifica el cambio en que "describir las nuevas especies en latín era un anacronismo y un impedimento para catalogar la biodiversidad de la Tierra en un momento en el que las especies pueden estar extinguiéndose más rápidamente de lo que los científicos pueden describirlas. Un impedimento porque hoy la mayoría de los botánicos no conocen el latín lo bastante como para escribir una descripción en esa lengua. Así que o destinan su tiempo a un ejercicio lingüístico (tiempo que podrían dedicar a investigar), o encuentran a un colega que sí sepa latín bien, pero desde hace años cae el número de latinistas entre los botánicos”. Los científicos estiman que pueden quedar 100.000 especies por conocer.

La decisión no ha sido sencilla pues ha habido críticas. Turland admite que “incluso sin el requisito de escribir en latín”, los expertos deberán conocer la lengua para poder leer toda la literatura científica ya publicada.
Rafael Medina, investigador en taxonomía y filogenia vegetal, explica por teléfono que ya desde hace años el latín en este campo había caído a una "versión simplificada y empobrecida" del latín: “Usamos un latín muy básico y si lo leyera un filólogo clásico seguro que se llevaría las manos a la cabeza”. Medina, que está terminando la tesis sobre taxonomía y filogenia de briofitos, ironiza: “Digamos que el latín botánico es al latín clásico lo que un mensaje SMS a Calderón de la Barca (aunque sin faltas de ortografía)”.
Medina añade que el cambio simplifica el trabajo, pues no tendrán que buscar a un amigo con conocimientos de latín, pero advierte de que no acaba con toda la literatura científica publicada con el latín como lengua franca. Aunque la obligación de describirlo en latín es oficial desde 1935, Medina explica que textos mucho más antiguos ya la incluyen.

Así, se acaban las descripciones como esta del Orthotrichum pilosissimum, una especie de musgo de Nevada (EE UU) descrita por Medina y sus directores de tesis en 2010: "Species insignis axillaribus trichomatibus suis longissimis (ad 1.8 mm longis) basi ramificantibus, super caulibus tomentum formantibus. Filidia in sicco adpressa, linearlanceolata, apicibus acuminatis vel subulatis; lamina monostrata partimve bistrata, saepe propagulis munita; marginibus recurvatis vel revolutis, sed ad apicem planis vel incurvatis, longum fragilemque canaliculum formantibus. Vaginula nuda. Capsula immersa vel emergens, valde constricta infra orem post sporosim. Stomata cryptopora in capsulae dimidio inferiore locata. Peristoma duplex, exostoma octo dentium paribus recurvatis, endostoma octo segmentis tenuibus". Casi nada.
Rafael Méndez

Vía: El País, 25/01/2012
F:http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/01/25/actualidad/1327509733_218265.html

lunes, enero 30, 2012

Los albores de la formación de Pangea en el noroeste de España

Geólogos de la Universidad de Salamanca y de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) han hallado evidencias directas de la orientación del vector de convergencia continental entre Gondwana y Laurrusia durante los albores del ensamblaje del supercontinente Pangea.


La formación y destrucción de océanos, así como la disgregación y ensamblaje de continentes a partir de otros más pequeños, son hechos científicos documentados que pasan desapercibidos a escala temporal humana. Algunas de las cadenas montañosas más conocidas del mundo, como los Alpes y el Himalaya, o los Pirineos y las Béticas en España, son resultado de la colisión entre placas tectónicas.



Figura 1.- Reconstrucción de la distribución de continentes en el Devónico Superior. El óvalo señala la posición de la península Ibérica, mientras que las flechas indican el vector de convergencia continental. La sección A-B corresponde con el esquema mostrado en la Figura 2

En su lento pero incesante movimiento sobre la superficie del globo terrestre, los continentes que han existido a lo largo de la historia geológica han dejado un amplio registro de sus interacciones mutuas sobre el sustrato rocoso en el que vivimos. De entre todas ellas destaca la unión de todos los continentes existentes en uno solo, denominado Pangea, hace aproximadamente 300 millones de años.


EL CHOQUE DE GONDWANA Y LAURRUSIA
Los vestigios del ensamblaje de Pangea se encuentran diseminados por todo el mundo. Aunque es en el noroeste de la Península Ibérica donde se exponen con una calidad excepcional que permite un análisis detallado por parte de la comunidad científica. Enfocados en este sector, grupos de investigación españoles e internacionales han llevado a cabo durante las últimas décadas estudios multidisciplinares que han abordado diferentes aspectos y etapas de su desarrollo. En concreto, se ha hecho hincapié en aquellos procesos que tuvieron lugar durante la colisión de los dos principales continentes involucrados en la formación de Pangea: Gondwana y Laurrusia (Figura 1).


Antes de chocar y formar algunas de las grandes cadenas montañosas que conocemos, uno de los continentes involucrados en la colisión se introdujo por debajo del otro, penetrando dentro de su manto subyacente. Este mecanismo, denominado subducción continental, tuvo lugar durante las primeras etapas de la formación de Pangea, tras el cierre del Océano Réico. Así, un amplio sector del margen externo del continente Gondwana subdujo bajo Laurrusia, hace aproximadamente 370 millones de años (Figura 2). Existen evidencias de este evento a lo largo de España, Portugal, Francia, Alemania y Europa oriental. Sin embargo, los datos que existían hasta la fecha sólo permitían establecer que ambos continentes se aproximaban entre sí en términos absolutos.


EL RASTRO DEJADO POR LA SUBDUCCIÓN
La subducción de una porción de un continente produce un estado de gran desequilibrio físico en el interior de la Tierra, el cual tiende a ser corregido mediante la expulsión del bloque enterrado en el manto de vuelta hacia la superficie. Gracias a ello es posible estudiar sobre el terreno los cambios mineralógicos y físicos que ocurren en los márgenes continentales durante la subducción, e inferir a partir de ellos la mecánica de su enterramiento. Pero a pesar de lo aparentemente accesible que pueda resultar este tipo de información, lo cierto es que las transformaciones físico-químicas que tienen lugar durante el proceso de exhumación borran, casi por completo, la impronta creada durante la subducción que sólo se conserva en casos excepcionales.

Figura 2.- Esquema de la subducción continental durante el comienzo del ensamblado de Pangea en el noroeste de Iberia. Las flechas indican el vector de convergencia continental

Trabajos de campo y de laboratorio llevados a cabo en las provincias de A Coruña y Pontevedra, han permitido desvelar la huella dejada por la subducción continental en los macizos rocosos que constituían el margen más externo de Gondwana en el que se encontraba el noroeste de la península Ibérica. Fruto de la colaboración a través de un proyecto de investigación CONSOLIDER entre los Dres. Rubén Díez Fernández y José Ramón Martínez Catalán de la Universidad de Salamanca, y los Dres. Ricardo Arenas y Jacobo Abati de la Universidad Complutense de Madrid, los datos aportados por la tesis doctoral del Dr. Rubén Díez Fernández indican una subducción continental oblicua dextra del margen de Gondwana (Figura 2). En otras palabras, Gondwana y Laurrusia convergieron oblicuamente durante las primeras fases del ensamblaje de Pangea, moviéndose lateralmente hacia la derecha uno respecto del otro en términos relativos (Figura 1).

“Los resultados de esta investigación derivan de un profundo conocimiento y ordenación en el espacio y en el tiempo de las estructuras geológicas formadas durante el enterramiento y la subsiguiente exhumación”, explica Rubén Díez Fernández, investigador del Departamento de Geología de la Universidad de Salamanca y coautor de este estudio publicado en la revista Gondwana Research, una de las revistas internacionales de Geociencias de mayor impacto científico en la actualidad. Ambos procesos produjeron en los macizos rocosos ubicados en el margen de Gondwana una deformación tal, que su comprensión ha requerido varios años de intensa labor cartográfica y análisis geométrico. Se trata de un tipo de información desconocida hasta la fecha y rara vez documentada en otras cadenas montañosas del mundo por la complejidad inherente a su obtención. Con este trabajo se sientan las bases de una nueva vía de exploración científica dedicada a una mejor comprensión de los mecanismos tempranos de colisión continental y formación de supercontinentes.


Figura 3: (Izq.): Paragneises con albita derivados de la transformación de rocas sedimentarias durante la subducción y exhumación del margen de Gondwana. Costa da Morte, al oeste de Malpica de Bergantiños (A Coruña); (Centro) Ortogneises derivados de granitos intensamente deformados durante la exhumación del margen de Gondwana. En la esquina superior derecha se preserva una lente de eclogitas (color oscuro), que evidencia el proceso de subducción inicial. Costa da Morte, Praia dos Riás (A Coruña); (Dcha.) Pliegues tumbados formados en paragneises con albita. Definen uno de los patrones de deformación desarrollados durante la exhumación del margen de Gondwana. Costa da Morte, al oeste de Malpica de Bergantiños (A Coruña)



Fuente de las imágenes: Rubén Díez Fernández

Díez Fernández, Rubén, Martínez Catalán, José R., Arenas, Ricardo, Abati, Jacobo, The onset of the assembly of Pangaea in NW Iberia: Constraints on the kinematics of continental subduction, Gondwana Research (2012), doi: 10.1016/j.gr.2011.08.004


Rubén Díez Fernández

 Vía: Madri+d, 30/01/2012
F: http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=51346&origen=notiweb_suplemento&dia_suplemento=lunes&seccion=noticias

viernes, enero 13, 2012

Testigos de hielo extraídos de un glaciar en los Alpes orientales podrían ayudar a reconstruir el pasado ambiental de la zona

Un equipo internacional de investigadores ha comenzado a analizar los que podrían convertirse en los primeros testigos de hielo perforados en un glaciar de los Alpes orientales. 

Dichos testigos provienen de un glaciar cercano a la cima del monte Ortles, un pico de 3.905 m de altura localizado en el noreste de Italia. De los cuatro núcleos, tres miden 75 m de largo y el otro 60 m.

El equipo, formado por investigadores de Austria, Estados Unidos, Italia y Rusia, espera que los resultados de su trabajo sirvan para crear un registro del clima del pasado y de los cambios ambientales acaecidos en la región a lo largo de varios siglos. Si los científicos estuvieran de suerte, estos testigos podrían incluso contener secretos que se remontan a mil años atrás. Los investigadores esperan además que contengan vestigios de actividad humana primitiva en la región como, por ejemplo, subproductos atmosféricos de la fundición de metales.

Los testigos de hielo que están analizando son importantes pues, hasta ahora, siempre se había creído que un glaciar estaba a una altitud demasiado baja para poder contener hielo que estuviera lo suficientemente frío como para haber conservado un registro climático claro. Si bien el tercio superior de los testigos muestra, en efecto, que el agua derretida se había filtrado hacia abajo, lo que muy posiblemente afecta al registro, los dos tercios restantes de los testigos contienen hielo inalterado que debería servir a los miembros del equipo de investigación para reconstruir la historia climática de la zona.

Este proyecto es también pionero por trabajar con testigos de hielo extraídos en la parte oriental de los Alpes, con lo que ofrece una imagen mucho más clara del cambio climático en este rincón de Europa.

Investigaciones previas habían demostrado que en cotas elevadas de dicha región se había producido un aumento de las temperaturas estivales de hasta dos grados centígrados en los últimos treinta años. A pesar de la fusión en las partes superiores de los testigos, los investigadores esperan encontrar un registro que comienza en los años ochenta y continúa hasta varios siglos atrás, o tal vez más.

"Este glaciar ya está cambiando de arriba hacia abajo de manera irreversible", explicó el jefe de la expedición, Paolo Gabrielli de la Universidad de Ohio (Estados Unidos). "Está pasando de ser un glaciar 'frío', en el que el hielo es estable, a convertirse en un glaciar 'templado' en el que el hielo se puede degradar. El glaciar entero podría hacer la transición hacia un estado templado en más o menos el próximo decenio."

Tales cambios inminentes en las temperaturas del glaciar significan que es muy importante recuperar estos núcleos lo antes posible, ya que una vez que hayan desaparecido se llevarán con ellos el valioso registro del pasado que encierran.

Apoyándose en los patrones climáticos, el hielo de los testigos que se formó a lo largo de veranos anteriores probablemente ofrezca una imagen de lo que fue el clima en el pasado en una zona cercana a la montaña, tal vez sólo de entre diez y cien kilómetros de distancia. Pero el hielo formado durante los inviernos pasados debería ofrecer indicios que ayuden a conformar la imagen de lo que ocurrió en un área mucho más amplia.

Un análisis del hielo también podría ofrecer respuestas a cuestiones importantes sobre la región como, por ejemplo, de qué manera ha cambiado el clima durante la transición entre el Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo.

Vía: Madri+d, 13/01/2012
F:http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=51184&origen=notiweb

La biodiversidad es un elemento clave para el funcionamiento de los ecosistemas

Un equipo internacional de investigadores, liderado por el ecólogo y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Fernando T. Maestre, concluye un estudio empírico cuyos resultados sugieren que la preservación de la biodiversidad vegetal es crucial para frenar los efectos negativos del cambio climático y la desertificación en zonas áridas. El trabajo se publica en la prestigiosa revista Science bajo el título “Plant species richness and ecosystem multifunctionality in global drylands”.


Los resultados de este estudio indican que el funcionamiento del ecosistema mejora conforme aumenta el número de especies vegetales, y que dicho funcionamiento disminuye conforme aumenta la temperatura media anual, en zonas áridas de todo el planeta. Si bien existen evidencias de que la biodiversidad es un factor importante para el correcto funcionamiento de los ecosistemas y que, por lo tanto, aquellos en los que conviven más especies proporcionan más servicios y funcionan mejor, este trabajo es el primero en evaluar de forma explícita las relaciones entre la funcionalidad del ecosistema y la biodiversidad bajo condiciones naturales a una escala global.


El muestreo de campo ha consistido en una observación directa de 224 ecosistemas naturales dispersos a lo largo de 16 países de todos los continentes excepto la Antártida, y ha sido completado por un escrupuloso examen de más de 2600 muestras de suelo, llevado a cabo en los laboratorios de las universidades Rey Juan Carlos (REDLABU), Pablo de Olavide (Sevilla) y de Jaén. Los investigadores han analizado 14 variables relacionadas con el ciclo de elementos esenciales para la vida, como el carbono, el nitrógeno y el fósforo, que son a su vez buenos indicadores del funcionamiento de los ecosistemas y de los servicios que nos prestan (mantenimiento de la fertilidad del suelo, control de la erosión, regulación del clima mediante la fijación de CO2 atmosférico, etc.). De esta forma, no sólo se ha estimado el estado funcional de los ecosistemas, sino que se ha obtenido información para poder identificar el inicio de procesos de degradación de los mismos que, en zonas como las estudiadas, pueden llevar a su desertificación.

Las zonas áridas tienen gran importancia a nivel mundial, ya que cubren el 41% de la superficie terrestre, alojan al 38% de la población humana y poseen una gran significación para el mantenimiento de la biodiversidad global, al albergar el 20% de los principales centros de diversidad de plantas y el 30% de las principales áreas de aves endémicas. Estos ecosistemas son también muy vulnerables ante el cambio climático y la desertificación, dos de los principales problemas ambientales a los que se enfrenta la humanidad. “Este estudio proporciona evidencias empíricas sobre la importancia de la biodiversidad para mantener y mejorar la funcionalidad de los ecosistemas áridos, semi-aridos y seco-subhúmedos. La calidad y cantidad de servicios ecosistémicos depende en buena medida de variables como las evaluadas, por lo que los resultados obtenidos indican que el aumento del número de especies de plantas puede mejorar la provisión de los mismos. Igualmente, y dado que la desertificación a menudo comienza con la pérdida de la fertilidad del suelo, dicho aumento puede también aumentar la resistencia del ecosistema frente a la desertificación”, afirma el Dr. Maestre.

En definitiva, este trabajo pone de manifiesto la necesidad de considerar la biodiversidad a la hora de conseguir ecosistemas más funcionales y resistentes frente al cambio climático y la desertificación. En este sentido, Maestre apunta que “los resultados indican que el calentamiento global que está sufriendo el planeta disminuirá la funcionalidad de las zonas áridas, lo que repercutirá negativamente en su capacidad de producir servicios clave para el mantenimiento de la vida sobre el planeta. A día de hoy no somos capaces de ponernos de acuerdo en limitar las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del calentamiento global, pero podemos contribuir a minimizar las consecuencias negativas del mismo, y a promover la resistencia de los ecosistemas frente a la desertificación, si se toman acciones decididas para conservar y restaurar la biodiversidad vegetal”, concluye.

La publicación de este estudio es la culminación de cinco años de investigaciones, y de un esfuerzo colectivo en el que han participado más de 50 investigadores pertenecientes a 30 instituciones de 16 países diferentes. Todo este trabajo, coordinado y liderado desde la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) por el profesor Maestre, ha podido ser ejecutado gracias a la financiación aportada por numerosos organismos públicos y fundaciones privadas en los distintos países. Entre los fondos recibidos destacan muy especialmente el proyecto BIOCOM, dirigido por Maestre y financiado por el programa Starting Grants del Consejo Europeo de Investigación (una de las convocatorias de proyectos más prestigiosa a nivel mundial, dedicada a financiar proyectos punteros de jóvenes investigadores) y la red de investigación EPES, financiada por el programa Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED) y coordinada por el Catedrático de Ecología de la URJC Adrián Escudero. La investigación realizada refuerza el trabajo iniciado a través del Programa Propio que impulsa el Vicerrectorado de Investigación de la URJC, que permitió a Maestre iniciar sus estudios sobre funcionalidad del ecosistema tras su incorporación a esta joven institución en 2005 gracias a un contrato de investigador “Ramón y Cajal” financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología. 

Vía: Madri+d, 13/01/2012
F:http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=51173&origen=notiweb

miércoles, enero 11, 2012

¿Por qué las primeras lluvias tras el verano influyen en el cambio climático?

Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) junto con la Universidad de California UC Santa Barbara (UCM) sugiere que la emisión de CO2 por parte del suelo debido a la lluvia tras un periodo prolongado de sequía se debe principalmente a fenómenos físicos y no metabólicos. 

Tras un periodo prolongado de sequía, las primeras lluvias desencadenan un fenómeno conocido como “efecto Birch”. Este efecto consiste en el súbito aumento de la respiración del suelo, es decir, en un aumento de la emisión de CO2 a la atmósfera. Este proceso es especialmente relevante por su influencia en el cambio climático en ecosistemas mediterráneos, donde se produce un fenómeno de aridez estival importante.  

Aunque el proceso fue descrito en 1924 por A.N. Lebedyantsev en Rusia y estudiado en profundidad por H.F. Birch en la década de los años 50, desde entonces han surgido diversas explicaciones sin que ninguna interpretara completamente este fenómeno. En ellas se han implicado fenómenos biológico-metabólicos, tales como un incremento inmediato en la biomasa microbiana, el consumo masivo de diversas sustancias protectoras -conocidas como osmolitos- producidas por los microorganismos en su adaptación a la sequía, o el consumo rápido de los microorganismos muertos y sus restos tras la humectación; o simplemente físicos como puede ser la fractura de los agregados del suelo tras la humectación y liberación del carbono protegido.

En un reciente artículo, los profesores e investigadores Federico Navarro García y Miguel Ángel Casermeiro de la Universidad Complutense de Madrid, junto con el profesor Joshua P. Schimel, de la Universidad de California UC Santa Barbara, han encontrado la respuesta a este interrogante surgido a principio del siglo XX.  

Dichos investigadores analizaron los agregados del suelo que constituyen la unidad estructural del suelo y que, entre otras funciones, protegen al carbono de la degradación microbiana. Al comparar la respiración después de la humectación entre agregados íntegros y agregados destruidos, se observó una mayor producción de CO2 en los agregados destruidos sin que se produjera un incremento en la cantidad de microorganismos tras su rotura. Así pues, un incremento en la cantidad de carbono producido por la rotura de los agregados explicaría el aumento de la producción de CO2. Esta circunstancia pone de manifiesto el hecho de que el efecto Birch podría deberse principalmente a fenómenos físicos que incrementan la biodisponibilidad del carbono, y no a procesos metabólicos (al menos en el caso de la primera humectación, es decir, la primera lluvia tras un periodo prolongado de sequía).

Los resultados de este trabajo sugieren dos cuestiones importantes. En primer lugar, que los agregados previenen la emisión de los gases de efecto invernadero tras un periodo prolongado de sequía puesto que protegen la materia orgánica de la descomposición microbiana; y, en segundo lugar, que, contrariamente a lo establecido, la materia orgánica durante los periodos de sequía sufre modificaciones bioquímicas independientes de la actividad celular.


Federico Navarro-García / Miguel Ángel Casermeiro


Federico Navarro-García, Miguel Ángel Casermeiro y Joshua P. Schimel. 2012. When structure means conservation: Effect of aggregate structure in controlling microbial responses to rewetting events. Soil Biology and Biochemistry, 44(1): 1-8. DOI: doi:10.1016/j.soilbio.2011.09.019. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S003807171100352X

Vía: Madri+d, 10/01/2012
F:http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=51060&origen=notiweb_suplemento&dia_suplemento=lunes&seccion=

jueves, diciembre 22, 2011

Estudio científico sobre los regímenes de incendios forestales

Los incendios forestales tienen un gran impacto en los ecosistemas terrestres por todo el mundo. La interacción del tiempo, la vegetación y el uso del suelo provoca este tipo de incendios, lo que hace que sean muy sensibles a los cambios.

Por ello resulta importante comprender los mecanismos que controlan los regímenes de incendios forestales y mejorar las predicciones de cuándo y cómo van a cambiar. Ahora un equipo germano-estadounidense de científicos ha demostrado la existencia de valores umbral para los incendios forestales. La investigación es un resultado del proyecto PATRES (Resiliencia de patrones), financiado con 1,2 millones de euros mediante la actividad transversal NEST (Ciencias y Tecnologías Nuevas y Emergentes) perteneciente al Sexto Programa Marco (6PM) de la Unión Europea. Los resultados del estudio se publicaron en la revista The American Naturalist.

Los científicos, pertenecientes al Centro Helmholtz de Investigación sobre el Medio Ambiente (UFZ) en Alemania y a la Universidad de Michigan en los Estados Unidos, utilizaron un modelo de mínimos de dinámica de incendios que describe la propagación del fuego como un 'proceso estocástico de nacimiento y muerte'. Esta propagación del fuego es similar a la propagación de una epidemia.

Utilizando este modelo, los investigadores replicaron patrones regionales múltiples en regímenes de incendios, lo que les permitió clasificar las diferentes regiones en función de su proximidad a un umbral crítico. Los socios de PATRES evaluaron las series temporales de los grandes incendios de las Llanuras Boreales de Canadá, que han pasado de tener un régimen subcrítico a un régimen crítico.

Los investigadores creen que grandes regiones boscosas de Canadá están en la antesala de que se produzca un cambio rápido y que debido al cambio climático podrían incluso superar el valor umbral. Los científicos opinan que hay que reconsiderar las estrategias de lucha contra los incendios forestales en amplias zonas de Canadá.

"Los cambios en los regímenes de incendios forestales tienen repercusiones importantes a escala local y mundial, y por lo tanto también afectan al clima", explicó el Dr. Volker Grimm de la UFZ. "Por consiguiente, es importante entender cómo funcionan los mecanismos que determinan estos incendios de cara a poder hacer predicciones sobre lo que va a cambiar en el futuro."

La provincia canadiense de Columbia Británica sufrió pérdidas importantes en 2009, cuando se incendiaron alrededor de 1 000 hectáreas de bosque y matorral. Más de 10 000 personas tuvieron que ser evacuadas de la zona. Los expertos creen que este tipo de fenómenos no harán más que aumentar. La bibliografía también presenta teorías similares y, en particular, hace hincapié en que el cambio climático podría desencadenar un drástico incremento de la amenaza de incendios forestales en el Parque Nacional de Yellowstone (Estados Unidos). Algunos piensan que los bosques de dicha zona incluso podrían desaparecer en este siglo.

Los socios de PATRES analizaron datos recopilados por el Servicio Forestal Canadiense, que registra los incendios que abarcaron superficies superiores a doscientas hectáreas entre 1959 y 1999, y los ordenaron por ecozonas. Los investigadores identificaron tres de estas zonas ecológicas de Canadá que están cerca de un punto de inflexión: el Escudo Boreal, las Llanuras Boreales y las Llanuras de Hudson, al sur de la Bahía de Hudson. Según los científicos, el Escudo Boreal es la ecozona que más cerca está del punto de inflexión.

Cuando evaluaron los incendios en estas zonas descubrieron que su tamaño medio se había triplicado rápidamente. "En nuestra opinión, esta es una señal de que también existen valores umbral para los bosques, por encima de los cuales el régimen de incendios cambia drásticamente", afirmó el Dr. Grimm. "Es probable que las llanuras boreales hayan experimentado en las últimas décadas, particularmente en torno a 1980, un cambio hacia un sistema caracterizado por los incendios forestales. Esto tiene repercusiones fundamentales para el medio ambiente y la lucha contra los incendios forestales. Pequeños cambios en los parámetros de propagación del fuego tienen un gran efecto en el tamaño de los incendios", concluyó. 

Vía: Cordis, 22/12/2011
F:http://cordis.europa.eu/fetch?CALLER=ES_NEWS&ACTION=D&SESSION=&RCN=34157

miércoles, diciembre 21, 2011

Calidez

Autor: Ramón
Vía: El País, 21/12/2011
F:http://www.elpais.com/vineta/?d_date=20111221&autor=Ram%F3n&anchor=elpporopivin&xref=20111221elpepuvin_1&type=Tes&k=Ramon