"Novedad. Cosa nueva y no acostumbrada. Suele ser peligrosa por traer consigo mudança de uso antiguo" (SEBASTIÁN DE COVARRUBIAS) 1539-1613

"No se desea lo que no se conoce" (NASÓN, PUBLIO OVIDIO) 43 AC-17 DC

lunes, mayo 14, 2007

Un estudio demuestra que la regresión de la posidonia es sólo culpa del hombre

Un estudio de la Universidad de Alicante (UA) realizado en aguas de Chipre, Túnez, Francia y España constata por primera vez científicamente que la regresión de las praderas de posidonia oceánica en el Mediterráneo obedece exclusivamente al impacto de la actividad humana y no al cambio climático.
FUENTE Agencia EFE

La novedosa investigación de los biólogos de Ciencias del Mar y Biología Aplicada de la UA Just Bayle, Pablo Sánchez Jérez, José Miguel González Correa y Carlos Valle sobre la posidonia, especie endémica del Mediterráneo y protegida por la UE, acaba de ser publicada en la revista más prestigiosa del mundo en esta área, el 'Marine Ecology Progress Series'.
Se han analizado praderas de posidonia en dos puntos de Chipre, de la isla de Zembra (Túnez), de Carry-le-Rouet, reserva cerca de Marsella (Francia) y del Cabo Blanco (Mallorca), Gata (Almería) e Isla de Tabarca (Alicante), y han comprobado que en todas estas zonas, alejadas de la acción del hombre, se mantienen saludables e, incluso, se extienden.
Los biólogos de la UA han observado que el tallo de la posidonia de estos lugares crece más de 80 milímetros y presenta hasta cinco nuevas ramas al año, mientras que en praderas "impactadas" por el hombre sólo aumentan unos 20 milímetros y tienen una única rama más.
Por ello, el estudio apunta que la causa de que hayan desaparecido cerca del 40% de las praderas de posidonia oceánica en todo el Mediterráneo a lo largo del último medio siglo se encuentra solamente en el hombre.
Concretamente, por la pesca de arrastre ilegal (a menos de 50 metros de profundidad), los vertidos de aguas residuales o salmuera de desalinizadora, la regeneración de playas y las obras costeras (paseos marítimos y puertos).
El coautor del trabajo Just Bayle ha explicado que la principal aportación de la investigación es que pone fin a la premisa hasta ahora aceptada por la comunidad científica de que la posidonia estaba en regresión tanto por causas humanas como propiamente evolutivas, éstas últimas mal relacionadas recientemente con el calentamiento global.
Recuerda que esta creencia se ha mantenido hasta hoy desde los estudios de la posidonia por parte de los franceses Moliner y Picard, en la década de 1950, cuando se comenzó a pensar que la posidonia tendía irremisiblemente a su extinción por aspectos de inadaptación al medio.
Sin embargo, las praderas estudiadas en puntos tan dispares del Mediterráneo, pero con el denominador común de la nula incidencia humana, presentan "dinámicas poblacionales positivas".
"La planta no está en regresión por ningún fenómeno global, sino que sufre esta alarmante situación de peligro de desaparición por razones exclusivamente antrópicas o humanas", afirmó Bayle.
La capacidad de regeneración de la posidonia, comprobada en El Campello ocho años después de que en 1992 se colocaran arrecifes artificiales antiarrastreros, hace que "la situación aún no esté perdida y todavía haya tiempo para invertir la tendencia", aunque Bayle advirtió de que "en los lugares donde el impacto persista, desaparecerá".
Las praderas de posidonia oceánica, especie que sólo se presenta en el Mediterráneo, tienen un alto valor ecológico, ya que el entramado de hojas y tallos que forman permite la creación de múltiples microhábitats que, a su vez, son indispensables para la vida de gran parte de las especies marinas.
Además de ser alimento y el hábitat necesario para los peces, está comprobado que son auténticos "bosques marinos", como lo refleja que cada metro cuadrado de pradera de posidonia produzca el mismo oxígeno que la misma superficie de selva tropical.
F:Agencia EFE
Vía: Madrid+d

Atlas Ambiental del Mediterráneo


Instituto Cervantes - Atlas Ambiental del Mediterráneo

Proyecto realizado por el Institut Cartogràfic de Catalunya (ICC), el Institut Català de la Mediterrània (ICM) y ERF- Gestió i Comunicació Ambiental, S.L., bajo el auspicio del Programa Mediterráneo de la UNESCO y el patrocinio de la AECI.

martes, mayo 08, 2007

Crean una levadura capaz de «oler» la presencia de explosivos como el DNT

Ni rayos X ni detectores de metales ni perros policía. Ni siquiera malos modos, van a hacer falta ya para combatir el terrorismo. Bastará con un poco de «saccharomyces cerevisiae» (la levadura que se ha usado toda la vida para hacer cerveza, pan y vino), debidamente tratada para convertirla en un rastreador bioquímico de explosivos. De momento ya han conseguido que el hongo en cuestión se ponga verde fosforito cuando «huele» el dinitrotolueno.

Lo de que «huele» puede parecer una metáfora, pero no lo es. Porque lo que hace el hongo en cuestión es exactamente y literalmente eso: oler. Reproducir paso a paso el funcionamiento de los receptores olfativos humanos en los mamíferos (eso incluye a los humanos y a su alter ego de laboratorio por excelencia, las ratas), clonados en las moléculas de la levadura de cerveza para obtener una reacción concreta a un olor concreto, el de una de las seis formas que puede adoptar el compuesto químico del dinitrotolueno, usado, entre otras cosas, en la producción de explosivos y municiones.
Lo cuenta la revista «Nature», citando el trabajo de un equipo internacional de investigadores. Entre todos han logrado una proeza de laboratorio que abre la puerta a un desarrollo extraordinario de la bioquímica molecular.

UN SENTIDO QUÍMICO

Para imaginarlo, primero hay que entender cómo funciona el olfato, que, junto con el gusto, es un sentido eminentemente químico. Oímos vibraciones físicas y vemos longitudes de onda de la luz. Pero gustamos y olemos reacciones químicas, células que reaccionan cada una a estímulos odoríferos muy concretos y que luego transmiten esa información de una manera muy parecida a como viajan los neurotransmisores en el cerebro. También la información olfativa «viaja» hacia el bulbo olfativo, donde células más sofisticadas aún hacen una selección y una recombinación, potencialmente casi infinita. Eso es lo que permite identificar pautas de olor incluso a partir de concentraciones muy bajas.

En la moderna vida humana, caracterizada por la hegemonía de lo audiovisual, el sentido del olfato parece pasar a un segundo plano. Eso puede ser así para el común de las gentes, mas no para los bioquímicos. Estos han sido siempre grandes admiradores de la riqueza y la complejidad de los sensores olfativos, mucho más sutiles que los de la vista. Vemos en tres dimensiones. Olemos en muchísimas más. Si se lograra copiar ese magnífico sistema, se obtendría un método natural de detección de señales que para sí quisieran las fortalezas más seguras.

Lo que han hecho los investigadores es un encaje de bolillos de ingeniería molecular. La molécula elegida lo fue principalmente por dos razones: su rápida división celular (cada dos horas), y sus características de célula eucariota, rica en membranas. Es en las membranas celulares donde se anclan -hasta siete veces- las cadenas de aminoácidos de los genes que actúan como sensores olfativos, capaces de memorizar cada uno el estímulo olfativo que le corresponde.

BIOSENSORES

En las membranas celulares de la levadura de cerveza, los científicos clonaron los sensores olfativos de ratas previamente aislados, y tratados para hacerlos reaccionar al olor específico del dinitrotolueno. La reacción consiste en generar una proteína que emite una fosforescencia verde visible por el microscopio.Es sólo un principio. Pero deja establecida la posibilidad de reproducir la mecánica olfativa para reconocer y memorizar una señal química concreta. De generar los biosensores más competitivos del mercado: baratos, e imposibles de burlar.

Autor: Anna Grau

Vía Madrid+D

sábado, mayo 05, 2007

Día mágico

(pincha en la imagen para verla más grande)

Estimadas amigas y amigos:
valga la cursilada del encabezamiento del correo por el día que tuvimos en las cumbres de Gran Canaria el lunes pasado. Al final apareció un grupo de animosos micológas y micológos (Maribel, Menchu, Paulette, José Carlos, JuanFran, Juan Francisco, León y Vicente). Decidimos ir finalmente hasta Tamadaba y empezar desde allí hacia los altos de Guía y Moya.


Subimos por Hoya de Pineda y las presas del barranco de Agaete, con bastante agua esta vez y bastante color en los montes (teline, ranunculus, codeso, etc.). El día ha sido toda la jornada muy frio y con mucha niebla en muchos de los sitios. La primera parada en el pinar de Coruña no dio ningún resultado y la siguiente ya fue dentro de Tamadaba, en la Degollada del Humo. Esta zona tenía cierto interés para nosotros porque Mary Carmen comentó en una ocasión haber visto alguna colmenilla en una salida con alumnos, aunque no llegó a encontrar la foto que le hizo. Allí nos dividimos y León encontró, por fin, dos colmenillas de las que les mandaré foto mañana. La especie puede ser M. conica. Además, una buena cantidad de cantarelos. Otras especies interesantes fueron algún Geastrum, Bovista y una amanita rara, quizás vaginata.


De allí fuimos a la zona recreativa de Tamadaba, sin nadie durante nuestra estancia. En los llanos hacia el Campamento encontramos rastros de Terfezia olbiensis, aunque ningún ejemplar (había mucha Tuberaria y los correspondientes hoyos de los conejos). Todo el tiempo hizo bastante frío y de vez en cuando mucha neblina. Desde allí, después de un picnic de categoría a base de salmón marinado, quesos, ensaladilla rusa y rioja, subimos hasta la Montaña de los Brezos, donde encontramos una gran cantidad de Pisolithus, de un tamaño descomunal algunos. Ya allí el viento y la niebla eran bastante notables.


Después del café en Artenara, seguimos hasta el pinar del Montañón Negro, donde encontramos unas cuantas especies más, entre ellas Pleurotus eryngii. El pinar estaba realmente muy bonito con una gran humedad en el suelo y una niebla que le daba un aspecto extraño, muy bonito. La última parada fue en el pinar de Cortijo de Crespo (Cueva Corcho) donde el número de especies encontrados fue grande, aunque el listado no está hecho todavía. Este pinar, lleno de musgos, suele ser uno de los más húmedos de la zona, y siempre se encuentran especies interesantes.


Desde allí paramos en Lanzarote (Valleseco) donde Juan Francisco Díaz Palarea nos invitó en un bar (Hermanos Santana) que resultó otro descubrimiento, porque todo lo que se pidió (mojocochino, cochino frito, carne estofada y garbanzas) estaba muy bien hecho, y a precios normales. Esto ya fue el remate del día con la guinda de la niebla a esa hora de la tarde noche en Lanzarote, dándole ese toque mágico que tienen ciertos sitios en las islas con ese aspecto (San Andrés en El Hierro por ejemplo). No se puede pedir más.


Saludos

domingo, abril 29, 2007

Las erupciones volcánicas causaron un calentamiento global hace 55 millones de años


El calentamiento que sufrió la Tierra hace 55 millones de años fue causado por erupciones volcánicas en Groenlandia y la zona occidental de las islas británicas, indica un estudio publicado por la revista 'Science'.

Esa actividad volcánica ocurrió durante la llamada "máxima termal Paleoceno-Eoceno" (PETM, en inglés), que ocasionó un aumento de cinco grados centígrados en los trópicos y de más de seis en el Ártico, según el estudio, realizado por científicos del Colegio de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas de la Universidad de Oregón.

De acuerdo con los geólogos, las erupciones y la contaminación atmosférica resultante originaron lo que denominan "una emergencia planetaria" de aumento de la temperatura en la superficie marina, así como una acidificación de los océanos que causó la extinción de muchas especies.

El estudio es importante, a juicio de sus autores, porque documenta la reacción del planeta a la liberación de grandes cantidades de gases invernadero en la atmósfera y vincula, de manera concluyente, un importante acontecimiento volcánico con un período de calentamiento global.

Se considera que esos gases invernadero, entre ellos el dióxido de carbono y el metano, actualmente producidos por la actividad industrial, son los componentes principales de la contaminación y el calentamiento que está sufriendo la Tierra.

"Sin duda esas erupciones y el calentamiento global de entonces están vinculados y ese fenómeno constituye una analogía para lo que ocurre hoy", señaló Robert Duncan, uno de los científicos."

Se habían encontrado vestigios de este calentamiento en residuos marinos así como evidencia geológica de que las erupciones ocurrieron virtualmente en el mismo momento. Pero hasta ahora no se había establecido una vinculación directa entre ambos fenómenos", explicó.

"Existe sin duda una analogía que nos permite ver de qué forma el planeta ha reaccionado ante el fenómeno", añadió.

Duncan también señaló que, además, con este estudio se ha constatado el hecho de que en algunos lugares del planeta el calentamiento fue muy rápido y en otras bastante lento, "como ocurre hoy".

El vínculo entre la actividad volcánica y el calentamiento global surgió de la correlación de los registros fósiles examinados por los científicos, según el informe de la investigación.

El PETM se caracterizó por enormes cambios en la composición carbono-isotópica de los océanos, la corrosión de los caparazones del plancton, así como la extinción de algunos organismos de las profundidades marinas.

Los científicos también vincularon el PETM con la separación física de Groenlandia del continente europeo a través del análisis de las capas de cenizas que se depositaron al culminar las erupciones volcánicas.

Mediante una comparación de las sustancias químicas residuales, establecieron que la composición de las capas de cenizas en el este de Groenlandia eran similares a las de los sedimentos marinos en el océano Atlántico, según el informe.

"Creemos que las erupciones volcánicas comenzaron hace unos 61 millones de años y que pasaron otros cinco millones (de años) hasta que el manto se debilitó y el material fundido surgió en la superficie", indicó Duncan."

Fue como si se destapara una olla. La placa tectónica se partió y así nació el océano Atlántico", indicó. La actividad volcánica que se registró en Groenlandia hace entre 55 millones y 61 millones de años llevó a la superficie alrededor de 10 millones de kilómetros cúbicos de magma.

Según los científicos, esos flujos de lava pueden verse a simple vista en el oeste de Escocia y en las islas Faroe, puesto que, tras enfriarse, dejaron un espectro de lava que en algunas zonas tienen una profundidad de hasta seis kilómetros.

FUENTE Agencia EFE

Vía: Madrid+D
http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=30111&origen=notiweb

La ONU logra tras 15 años un acuerdo mundial para la protección de los bosques

La ONU logra tras 15 años un acuerdo mundial para la protección de los bosques
Se creará una política forestal internacional basada en la cooperación globlal

Después de 15 años de discusiones y negociaciones acerca de un acercamiento a nivel global para la protección de los bosques del mundo, los representantes de los países reunidos en la Oficina Central de Naciones Unidas en Nueva York han adoptado un acuerdo para la creación de una política forestal internacional y para la cooperación después de dos semanas de intensas negociaciones.

El acuerdo final fue alcanzado después de que los delegados reunidos en el Foro sobre Bosques de las Naciones Unidas trabajasen de noche para concluir al alba las conversaciones.

El organismo reseñó que esta es la primera vez que los estados han llegado a un acuerdo a nivel internacional para la gestión forestal sostenible.

El portavoz del foro, Hans Hoogeveen, saludó el acuerdo, al que describió como "un logro excepcional", y dijo que introduce "un capítulo nuevo" en la dirección forestal. "Tenemos sólo un planeta para compartir, y debemos asegurar su salud y mantenimiento", apuntó Hoogeveen.
El País, Nueva York, 29/04/2007

España resuelve el enigma de la muerte masiva de abejas

España resuelve el enigma de la muerte masiva de abejas
Desde Estados Unidos hasta Austria, desde Argentina a Polonia, pasando por España, las abejas melíferas están desapareciendo, no por miles, sino por millones. Muchas son las causas que se han puesto sobre la mesa, incluso esta misma semana en una reunión de científicos y miembros del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Las hipótesis más probables que manejaron en esa cita para esta desaparición se refieren a un virus, un hongo o un pesticida. Pero desde hace tiempo esta cuestión ha sacado a relucir algunas hipótesis sin base científica alguna, como las semillas modificadas genéticamente, las antenas de telefonía móvil o las líneas de alta tensión.
Sin embargo, la respuesta al llamado «síndrome de despoblamiento de las abejas» la han encontrado en España, concretamente en el Centro Regional Apícola de Marchamalo, en Guadalajara, que depende de la Consejería de Agricultura de Castilla-La Mancha, y que se ha convertido extraoficialmente en laboratorio de referencia mundial para conocer qué está pasando con las abejas. Hasta aquí han llegado muestras de todas partes de España, pero también de Francia, Alemania, Eslovenia, Polonia, Austria, Argentina y, en estos momentos, están esperando muestras enviadas por asociaciones de apicultores de Estados Unidos.
Laboratorio de referencia
Así lo explicó a ABC Mariano Higes, asesor de investigación del Centro Regional Apícola de Marchamalo, para quien, sin haber analizado aún las muestras americanas, pero por contactos con investigadores de universidades de Estados Unidos, la causa será la misma que en España y que en el resto de países estudiados: el microsporidio «Nosema ceranae», un parásito de origen asiático que no sólo está incidiendo en la despoblación, sino también en el descenso de la producción de las colmenas.
Para llegar hasta este parásito han sido necesarios siete años de investigación, pues los síntomas que produce en las abejas melíferas son parecidos a los causados por otro parásito, como el «Nosema apis». Sin embargo, este parásito suele producir ondas epidémicas cada ocho o diez años, explica Higes, lo que no cuadraba con la prevalencia creciente año tras año del fenómeno de despoblamiento. Además, el hecho de que se observara el fenómeno en zonas muy concretas y alejadas entre sí, incluso en colmenares aislados, descartaba otros factores externos.
Análisis de pesticidas
Asimismo, se hicieron pruebas sobre algunos pesticidas, como el que se usa para tratar las semillas de girasol en Francia, y las muestras de miel, abejas, polen y girasoles no presentaban efectos que pudieran ser tóxicos para las abejas. Es más, en Francia se prohibieron algunos pesticidas sospechosos y las abejas seguían desapareciendo. A la vista de estos resultados y de que el fenómeno se daba tanto en años secos como húmedos, fríos o calurosos, «algo que no es normal desde el punto de vista parasitológico», dice Higes, se empezó un estudio epidemiológico a nivel nacional, financiado por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), y «desarrollamos una técnica de biología molecular que permite amplificar y secuenciar el gen».
Así se descubrió el nuevo patógeno («Nosema ceranae»). Este microesporidio afecta a los ejemplares más adultos, es decir, a los que están trabajando en el campo. La espora del «Nosema ceranae» entra por la boca de la abeja y se dirige al ventrículo (estómago) donde despliega un filamento y lo clava en la célula epitelial del ventrículo, transfiriéndole el esporoplasma, esto es, todo su material genético.
Ataca al aparato digestivo
Ahí empieza un ciclo biológico que alcanza a todas las células del estómago, que deja de ser funcional, por lo que la abeja ya no puede comer, se debilita y muere. Aunque aún estén vivas, pese a su debilidad, la mayoría no vuelven a sus panales por un mecanismo de defensa, explica Higes. Por eso normalmente la abeja reina y las jóvenes no suelen verse afectadas. Los cuerpos de las adultas no se encuentran, pues suelen morir alejadas de la colmena y son pasto de otros insectos y reptiles, y la colmena queda casi vacía, con la reina y unas pocas abejas jóvenes.
Bajo los efectos de este parásito podrían estar más del 50% de las colmenas de nuestro país. «Es un problema sanitario muy grave», dice el asesor de investigación del Centro Apícola de Guadalajara. Estamos hablando de más de un millón de colmenas afectadas, sobre un censo oficial de unos dos millones y medio de colmenas, o de un millón y medio en el caso de la cifra no oficial de tres millones de colmenas existentes. Sea una cifra u otra, lo cierto es que en los últimos años ha desaparecido entre un 30 y un 35% de las colmenas existentes.La mayor prevalencia de este parásito se da en Madrid hacia el sur, sin embargo hemos detectado «una altísima prevalencia en la Cornisa Cantábrica, similar a la que podamos encontrar en Extremadura y Andalucía, por lo que lo estamos analizando», explica Higes, pues esto demuestra que es prevalente en cualquier clima. Si estas colmenas parasitadas no se tratan, el despoblamiento puede producirse en un plazo de seis meses a un año y medio. El tratamiento con el antibiótico fumagilina está dando buenos resultados, explica Higes.
La producción de miel también cae. Según Félix Campos, de la Asociación Nacional de Apicultores, en los últimos tres años la producción ha caído a razón de un 20 por ciento anual. Para este año, aunque estamos en el inicio de la cosecha, las previsiones no son muy halagüeñas para la miel de azahar y de limón, por ejemplo, pues las temperaturas anormalmente frías de las últimas semanas han mermado la cosecha. No obstante, dice Campos, la sequía también ha tenido mucho que ver en estas cifras de producción de miel.
Factores climáticos adversos
Y es que la apicultura es una actividad ganadera ligada a la trashumancia y muy determinada por las condiciones climatológicas, ya que las abejas necesitan de los recursos naturales a través del polen, para satisfacer sus necesidades nutricionales. Por tanto su alimentación depende de las floraciones, muy castigadas por una climatología adversa, como son las temperaturas elevadas y la sequía persistente que ha azotado a nuestro país en los últimos años, todo lo cual ha sido determinante para la disminución de la producción de miel, a la vez que contribuye a un debilitamiento de las colmenas que se hacen más vulnerables a condiciones extremas, como pueden ser problemas sanitarios como el del parásito «Nosema ceranae».
En el Programa nacional de medidas de ayuda a la apicultura 2008-2010, el Ministerio de Agricultura apunta además a los incendios, que han arrasado numerosas regiones de nuestro país y que en este caso han tenido repercusiones importantes en Castilla y León, Andalucía, Extremadura y Valencia, comunidades con un censo apícola importante, ya que lleva a la desaparición de asentamientos para los colmenares, la búsqueda de nuevos asentamientos y la alimentación extra que debe aportarse.
Pero más allá de la importancia económica de la producción apícola, el papel que desempeñan las abejas en el medio ambiente es fundamental, sobre todo por su función polinizadora, con la consiguiente contribución al equilibrio ecológico, ya que su presencia es muy importante para la preservación de una gran diversidad de plantas además de elevar la productividad de gran parte de los cultivos, aprovechando recursos que no podrían ser utilizados directamente por ninguna otra actividad agraria ni por el hombre.
Araceli Acosta. Madrid, ABC, 29/04/07
AMPLIACIÓN:
Un parásito asiático, detrás de la desaparición masiva de las abejas en Europa y América

Un científico español ha descubierto que el causante de la desaparición masiva de miles de abejas en Europa y América es un parásito común entre las abejas asiáticas.
El culpable de su muerte es, según el científico Mariano Higes, que ha estado estudiando el fenómeno durante años, un parásito miscroscópico conocido como "nosema ceranae".
Para llegar a esta conclusión Higes y sus compañeros del centro de Guadalajara, capital de esta industria en España, han analizado miles de colmenas en diferentes países.
"Empezamos en el año 2000 con la hipótesis de que se debía a algún pesticida, pero pronto descubrimos que no era así", afirmó el científico, que descubrió que los rastros de pesticida sólo se encontraban en una proporción mínima de ejemplares y las abejas también morían en otras áreas situadas a miles de millas de las tierras cultivadas.
Durante mucho tiempo Higes y sus compañeros pensaron que otro parásito llamado "nosema apis", muy típico en las zonas húmedas, era el que estaba matando las abejas, pero pronto descubrieron que los síntomas eran diferentes y que las abejas también morían en zonas secas.
El parásito "nosema ceranae", verdadero culpable de la muerte de las abejas, puede matar a las abejas europeas en cuestión de días. Sin embargo, se ha descubierto que las asiáticas son mucho menos vulnerables a este parásito, que, según Higes, ha infectado al 50% de las colmenas de España, país que, con sus 2,3 millones de colmenas, alberga un cuarto del total de las colmenas de Europa.
F: Már Gámez, ABC Periódico Electrónico S.A. 19/07/07, vía Madrid+d

viernes, abril 27, 2007

Próximas salidas

Estimadas amigas y amigos:
saldremos el martes 1 de mayo a partir de las 9.30 de la churrería de Mesa y López en busca de colmenillas por la zona de Moya, Arucas, Firgas, etc.
Igualmente el sábado 5 de mayo a las 9.30 desde la churrería. El posible destino es Santa Cristina, donde ya se están tramitando los permisos.
Por otro lado, la salida de principios de junio a Tenerife se anula porque coincide con la Apañada en El Hierro, y ya hay compromisos, para esos días.
Saludos.

jueves, abril 26, 2007

Descubierto en Sevilla un gran árbol fósil de hace casi 300 millones de años

Descubierto en Sevilla un gran árbol fósil de hace casi 300 millones de años.
*ALICIA RIVERA* /- Madrid - /25/04/2007
Hace unos 296 millones de años el territorio de lo que hoy es Sevilla estaba en la franja ecuatorial del planeta, con clima muy templado, y el casquete polar sur se estaba derritiendo, provocando alteraciones climáticas; los dinosaurios todavía tardarían unos cuantos millones de años en llegar. En algún momento, y desencadenada por unas lluvias torrenciales, debió de correr por una ladera abajo una avalancha de barro, arena y piedras, llevándose por delante todo un bosque de coníferas primitivas que quedaron sepultadas. Ahora, casi 300 millones de años después, uno de los troncos de aquel bosque ha salido a la luz y, para sorpresa de los científicos, está casi completo, son 16,8 metros de tronco convertido en fósil de sílice.
Los estudios del tronco indican que es una conífera primitiva tipo araucaria.
El árbol fósil está en la provincia de Sevilla, pero los paleontólogos del Jardín Botánico de Córdoba están preparando el traslado hasta sus instalaciones, donde destacará entre otros fósiles vegetales como la pieza estrella de lo que ya han denominado Bosque de Piedra. El Museo de Paleobotánica de dicha institución cuenta ya con una rica colección de más de 100.000 piezas.
"Es muy raro que se haya conservado, sin fragmentarse, un tronco así", comenta Ángel Montero, paleontólogo del Jardín Botánico de Córdoba. "En algunos lugares, como en Alemania o en Grecia, hay piezas también muy grandes, pero desde luego en España ésta es la mayor". De los 16,8 metros de tronco hay una parte carbonizada y un metro de un extremo es arenisca. "La fosilización no es homogénea", afirma este experto.
Fueron operarios de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir quienes, en el curso de unas obras que realizan en la zona, encontraron el extraño tronco enterrado, hace más de un año, y avisaron a los científicos. A inspeccionar el hallazgo fueron Montero, Eduardo Mayoral (Universidad de Huelva) y Robert Wagner (especialista mundial en flora de los periodos carbonífero y pérmico, que ahora trabaja en el botánico de Córdoba).
Poco a poco lograron desenterrar el tronco fósil entero, que está bien conservado, aunque presenta algunas fracturas longitudinales y transversales. El árbol y el lugar en que descansa han sido estudiados /in situ/ por Montero, Mayoral y Wagner, pero ellos quieren hacer análisis más profundos en su laboratorio. El traslado hasta Córdoba será un proceso complicado que puede costar entre 18.000 y 30.000 euros, explica Montero. Habrá que cortar el tronco fósil para el transporte y luego será unido de nuevo en el botánico. Además, los expertos tienen que estabilizar y consolidar la pieza con tratamientos químicos especiales.
Los primeros estudios que se han hecho confirman que se trata de una conífera primitiva tipo araucaria, algo parecido a un pino grande. En el fango que la arrastró y sepultó había cenizas volcánicas y ahora, en el lugar, los paleontólogos han identificado huellas fósiles de animales, en concreto de organismos de cuerpo blando.
"El tronco fue arrastrado ladera abajo en una colada de fango que, actualmente, es la arenisca que lo sustenta", explica Montero. Cerca del gran tronco han aparecido otros trozos de madera fosilizada, pero mucho más pequeños, de medio metro de longitud como mucho, y muchos restos de hojas.